jueves, 9 de junio de 2016

Un hombre solitario


Con su habitual andar parsimonioso, llegó hasta un banco de la plaza y se sentó allí a disfrutar de la tarde soleada. Sacó del bolsillo de su saco a cuadros marrones un pan seco, el cual fue arrojando a trozos en el pasto para darle de comer a las palomas, que no tardaron en posarse ante él en busca de las migajas.
    Así pasaba los días ahora. Ya estaba viejo y era un hombre solitario que había dejado atrás todas sus costumbres lozanas. Darles comida a las aves le hacía sentir bien. Encontraba en ello una satisfacción que resultaba incomprensible, incluso para él mismo. Solía quedarse ahí un par de horas y después retomaba su vuelta al hogar. Era una rutina a la que le había tomado el gusto.
El viento alborotó su cabello y arremolinó las hojas caídas, apenas alterando a los plumíferos. Un papel danzó en el aire y fue a parar de lleno en el pecho del hombre, quien, por reflejo, se llevó la mano al torso para atraparlo. Estaba a punto de hacer un bollo con él cuando se percató de que tenía algo escrito.
Se trataba de una receta de cocina copiada a mano con lápiz negro, con letra elegante, delicada: «letra de mujer», se dijo.
El anciano frunció el entrecejo y soltó un bufido que pretendió ser una risa, pero se puso serio al instante. Levantó la cabeza y echó una ojeada a su alrededor en busca de alguien que pudiera haberle lanzado ese apunte con la intención de jugarle una broma, pero, a simple vista, solo había dos mujeres (una de ellas con un bebé en su cochecito) a pocos metros de él muy concentradas en su conversación, y ambas lo ignoraban por completo. Bajó la mirada y leyó detenidamente:

Para el seso:
1 cerebro entero.
2 cucharadas de vinagre, o jugo de 1 limón.
1 hoja de laurel.
1 ramita de tomillo.
Granos de pimienta.
1 cdta. de sal.
Primero se pone en un recipiente abundante agua fría y se sumerge el seso allí durante media hora.
Luego se le quita la película o telilla que lo cubre, con cuidado, se enjuaga bien y recién entonces estaría listo para cocinar.
Ponerlo con todos los ingredientes en una cacerola con agua.
Llevar a fuego suave hasta que el agua llegue a punto de hervor, luego dejarlo cocinar durante 10 minutos más. Si los sesos fuesen pequeños, se debe emplear la mitad de tiempo en su cocción.
Es conveniente dejarlo en la misma agua si el seso no se va a utilizar enseguida, de lo contrario se retira y se deja enfriar un rato antes de la elaboración del plato.
Los sesos más empleados en la cocina son los de bebés (estos son ideales para saltearlos en una sartén con ajo, perejil, aceite de oliva, sal a gusto, y mucho limón), niños y adolescentes.

En caso de preservar la cabeza del infante:
 1 cabeza.
2 cabezas de ajo.
Hierbas a gusto.
Sal a gusto.
En primer lugar, afeita el cráneo y las cejas.
Si tiene dientes, quítalos con una pinza o tenaza.
Enjuaga bien la cabeza en agua helada para retirar los restos de sangre y pelos.
Frotamos la cabeza con el ajo y las hierbas. Rellenamos con ellos la boca y los orificios de las orejas. Dejamos reposar por tres días en la heladera.
Si lo deseas, puedes separar la lengua para prepararla al escabeche o a la vinagreta.
Hervimos agua en una cacerola. Agregamos la extremidad.
La dejamos cocinar por 5 horas a fuego lento.
Retiramos y dejamos enfriar.
La mojamos con mucho jugo de limón, o de naranja, y la metemos al horno por 45 minutos a 180 grados, hasta que la piel esté crujiente.

El hombre no podía creer lo que estaba leyendo, sonrió y quitó la vista del papel. Volvió a mirar en torno a él: por la esquina cruzaba un paseador de perros con ocho canes sujetos al cinturón. Un grupo de jóvenes andaban en patineta en dirección a las pistas de skate que había a dos cuadras de allí. Observó nuevamente a las mujeres en las que había reparado antes. Una de ellas rebuscaba en los bolsillos de su pantalón mientras oteaba el piso. La otra, la que sostenía el cochecito, le hablaba con gesto adusto. La que buscaba con impaciencia se palmeó los muslos con vehemencia, se llevó una mano a la cintura y la otra a la frente. Parecía indignada. Entonces, su visión se topó con la del viejo. Este dio un respingo. Arrugó la hoja y se la metió en el bolsillo. Tragó saliva. Se hizo el desentendido. Su mente era un torbellino de ideas locas y deducciones absurdas. Tiró un poco más de migas a los pájaros, se levantó y se fue.
Una vez que estuvo en su domicilio encendió el televisor y se sentó a la mesa. Sacó la hoja con la receta y la estiró para leerla otra vez. Respiró profundo, negó con la cabeza, chasqueó la lengua, se puso de pie y arrojó el papel al cesto de basura. Se dirigió a la heladera, abrió la puerta del freezer, metió la mano entre los restos congelados de carne humana (dedos, orejas, lonjas de glúteos cortadas para milanesa, penes, testículos), y sacó del fondo el cadáver de un bebé. Lo colocó en la bacha de la mesada y abrió la canilla para dejar correr el agua sobre él. Cerró el grifo, puso el cuerpo sobre la tabla de madera que sacó del bajomesada y con una cuchilla que extrajo del primer cajón le cortó la cabeza de un golpe.

El hombre preparó la comida con la certeza de que no estaba tan solo como él suponía.  Y por primera vez en su vida, tendría la oportunidad de poder invitar a alguien a cenar sin temor a que su invitado terminara como plato principal.

-----------------------------------------------------------------------------------------
     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez, Robe ferrer y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
     En esta oportunidad había que elaborar un relato en el cual se incluya una receta de cocina cuya base sea la carne humana y/o la preparación de un humano para alimento.