miércoles, 18 de mayo de 2016

Bahía del silencio


Un cuento de Raúl Omar García
Bajo el seudónimo de
Miriam Blass


Es increíble cómo actúa el cerebro en ciertas circunstancias. El nombre Lia no me decía nada hasta que soltó el apellido y de pronto la imagen de su rostro se me presentó de inmediato.
Cuando sonó el teléfono, qué sorpresa la mía al enterarme de que la que estaba del otro lado de la línea era una antigua amiga del secundario con la que había tenido una estrecha amistad.
Se había ido a vivir a Italia a finales del 97 —por ese entonces ya éramos egresadas de quinto año— y no había vuelto a saber de ella desde entonces.
Que cómo estás tanto tiempo, cuándo fue que llegaste, que si estás casada, y todas esas preguntas típicas se dieron antes de quedar en vernos. El asunto era que ella quiso encontrarse conmigo esa misma noche.
Aunque era viernes, yo estaba cansada y no me apetecía salir. Me acababa de bañar y pretendía irme a dormir. Para colmo, no tenía un mango, y al otro día me había comprometido a cuidar a la hija de mi hermana, y esa nenita era un dolor de ovarios, pero, ¿cómo le decía que no?
—Sí, seguro. ¿A qué hora y dónde nos encontramos? —le dije, por puro compromiso.
—Bueno, yo estoy fuera de onda, así que, pásame la dirección de tu casa y te iré a buscar con el auto. Tú eliges el lugar.
Con el auto, me dijo; y yo ni con una moneda para el colectivo. Me obligaba a romper el chanchito para no quedar como una rata.
Me acuerdo que agarré lo primero que encontré en el ropero y me lo puse. Luego, busqué entre las páginas de un libro la plata que guardaba para pagar la tarjeta de crédito antes de que me la bloquearan (demás está decir que no aboné y me la inhabilitaron) y me fui a peinar.
—Péinate que viene gente — expresé. Esa frase me decía mi abuela y se me pegó de por vida. Cada vez que agarro un peine la cito como si se tratase de una máxima.
Al oir el timbre, ya estaba lista.
Me costó identificar a la mujer que estaba en la entrada de mi casa como Lia Alejandra Briega. La Lia que yo recordaba era una joven torpe y regordeta, blanca como la leche, con carita redonda y gesto bonachón. En cambio, esta que se encontraba parada frente a mí era una hembra delgada, con la piel tostada por tanta cama solar y una cara de puta impresionante.
—¿Lia? —pregunté, algo confundida.
—¡Cintia! —gritó ella, y se me lanzó encima, dándome un fuerte abrazo—. ¡Por Dios, estás igual!
—Ja, ja, ja. Tú también. —¿Qué iba a decir?
En fin, nos reconocimos, y admito que hubo algo de emoción. Al fin y al cabo, fue mi amiga. Millones de imágenes se agolparon en mi cabeza y el rememorarlas trajo mucha añoranza.
Y así fue toda la velada.
Terminamos en un bar llamado Open, en el cual bebimos cerveza y platicamos del pasado. Nos reímos mucho. Me di cuenta de que algunas cosas se me habían borrado de la memoria, porque de verdad que no me acordaba de ellas. La edad no viene sola. Otra de las frases de mi abuela. Hacia las tres de la mañana habíamos pedido un clericó de vino blanco. Lia llenó los vasos por última vez y levantó el suyo para hacer un brindis.
—Por habernos reencontrado —pronunció, y chocamos los vidrios. Supongo que se olvidó de que habíamos puesto sorbetes en los vasos, porque en lugar de beber por aquel se llevó el vaso a los labios y se clavó la pajita en el ojo izquierdo.
Estallé.
La bebida que estaba ingiriendo me salió disparada por la boca y de las fosas nasales. Hasta juraría que me salían pedazos de fruta por las orejas. Me ahogué y comencé a toser y a reír al mismo tiempo. Un combo espantoso, si los hay. A eso se le sumó una meadita. Ja, ja, ja. Las mujeres no podemos contener las ganas de orinar como lo hacen los hombres.
Parecíamos dos estúpidas, pero la estabamos pasando en grande.
Al salir de allí me propuso ir a bailar, pero le expliqué lo de la hija de mi hermana (me negaba a llamar sobrina a esa borrega), y por suerte entendió, así que se ofreció a acercarme a casa. En auto. Y, obviamente, acepté.
Acá es donde todo se fue a la mierda, literalmente. Porque Lia estacionó frente a mi casa —eran como las cinco y media de la mañana— al mismo tiempo en que mi vecina, doña Carmen, salía a barrer la vereda (vieja de mierda y la puta que la parió, ¿por qué carajo no dormía?), y cuando abro la puerta del acompañante para bajar del coche, me vuelvo para despedirme y mi amiga me come la boca de un beso.
Me quedé paralizada, saboreando los labios carnosos de Lia. Fui abriendo la boca, como posesa, y di lugar a que su lengua encontrara la mía y la enrollara como una boa a su presa. Me transó de manera caliente y apasionada y accedí a su lujuria. Hasta que reaccioné y la alejé de un empujón.
—Cintia, lo siento —susurró. Yo me limpié los labios con el dorso de mi mano y, sin responderle, me bajé del auto.
Apenas miré de soslayo a doña Carmen, con la escoba en la mano y la jeta desencajada a causa de la escena que acababa de presenciar, pero advertí que se persignó.
Entré a mi casa como una tromba y di un portazo al cerrar. Me fui al baño y me tironeé del pelo al mirarme en el espejo. Abrí la canilla de la ducha y dejé correr el agua mientras me desnudaba.
Me sentía sucia.
Me duché, y bajo el agua caliente me masturbé, acto que hizo que me sintiera más sucia.
Me metí en la cama y encendí el televisor. Enganché una película casi terminada, y vi el final comiéndome un Mantecol. Cuando comenzaron los títulos, un rectángulo apareció en la parte inferior derecha de la pantalla, anunciando que la programación continuaba con «Secreto en la montaña». Se me revolvió el estómago, escupí la pasta de maní que estaba masticando y apagué la tele.
A dormir.
Al mediodía me despertó el timbre de casa. Era mi hermana con la nena. Me había quedado dormida. Las recibí con mi mejor sonrisa y le alboroté el cabello a la niña, demostrando ternura, pero sabía que eso le molestaba a la guachita.
—Me llamas si hace falta, ¿sí? —dijo mi hermana.
Tú, tranquila; yo, nerviosa —le respondí—. Sonia y yo sabremos entretenernos —a la niña—: ¿verdad?
—¡La tía es la mejor! —Mentirosa desvergonzada…
—Bueno, entonces me voy. Chau, hija, te amo —se despidió—. Gracias, Cin.
—De nada, chau.
Ni bien cerré la puerta, la pibita se me paró delante, cortándome el paso, y dijo:
—Mami dice que eres pobre, por eso deja que me cuides, para que te ganes el pan.
—Podría estrangularte con una sola mano, así que no me rompas las pelotas, y ve a jugar a la play. Y no me dirijas la palabra hasta que llegue tu madre o juro que te haré tragar el joystick y lo sacaré por el lugar que todavía no te aprendes a limpiar bien.
Estaba irritada, y quería que le quedara claro. Por la cara que puso, supongo que me entendió, porque no me habló durante las tres horas que estuvo allí. Cuando por fin retornó mi hermana y se llevó a la pequeña demonio, salí a comprar pan con la plata que me había dejado por hacerle de niñera. Ja, la pendeja tenía razón.
Cuando volví, maldije por dentro al ver a doña Carmen en la puerta de su casa. Hice un rápido ademán con la cabeza a modo de saludo, y ella me devolvió el gesto con un enérgico movimiento de mano y con una inmensa sonrisa. Me sorprendió su actitud después de que fuera testigo del vergonzoso episodio nocturno, así que también le sonreí. Entonces, la mujer se pasó la lengua por los labios, humedeciendo primero el de arriba, después el de abajo. Pestañeé dos veces, incrédula, y mi vecina se mordió el labio inferior al tiempo que acariciaba su escote desnudo.
—Oh, por Dios —balbuceé, y detrás de ella apareció su esposo.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó el hombre, azorado.
—¿Qué? Nada. —Se hizo la desentendida, la doña.
—Entra a la casa, quieres —ordenó el señor.
—Ya voy, ya voy —contestó, cocorita, la vieja pervertida.
No quise ver más y me fui adentro. Esto era demasiado para mí. Colgué la llave en el ganchito de la pared y dejé la bolsa con pan en la mesa.
Justo en ese momento sonó el teléfono.
—Hola —dije.
Era ella, como esperaba.
***
Lo que me llevó a evocar aquel día fue un mensaje de correo electrónico que recibí ayer, donde Sonia me pedía un consejo.
Estuve casada con Lia durante veinticinco años y fui la mujer más feliz del mundo. Aunque falleció el año pasado, aún la extraño.
Ahora, respondiendo el mail desde mi hogar cercano a las arenas de Bay of Silence de Sestri Levante, una de las últimas localidades situadas en las costas meridionales del golfo de Tigullio, en Italia, le sugiero a mi sobrina que deje de derrochar dinero en psicólogos y que lo ahorre para venir a visitarme. Le escribo que me pondría muy contenta tenerla aquí, que no tengo con quién pelear. Y le comento que su «novia» es también bienvenida.
Estaba segura de haber odiado a esa pendeja…
…pero es increíble cómo actúa el cerebro en ciertas circunstancias.
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  Esta historia la hice para «Versus 3», un Mundial de Relatos que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaCarmen GutierrezPepe MartinezRobe Ferrer Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores»—ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma literaria. Con este cuento participé en la cuarta ronda de eliminación, la final. La consigna: escribir una comedia romántica donde la relación amorosa sea entre dos mujeres.
    Con esta historia gané el mundial y recibí el siguiente diploma:

34 comentarios:

  1. Hola, Omar, me gustó mucho el cuento. Me sorprendió lo de que a las mujeres, en plan generalidad, nos dejáramos orinar porque no podemos contenernos como los hombres. Tendré que consultarle al médico que no me orino (igual es una anomalía). El relato se lee con ganas y curiosidad, y eso está bien, que den ganas de seguir. Te respondí antes, en mi blog, y en tu comentario a mi relato, que hace unos días intenté entrar (varias veces) en un cuanto a dos manos que anunciaste en Google + y que solo se me cargó la mitad de la página. Pensé que si tendrías una imagen muy pesada que impide que se visualice completa. O es mi Internet, que estaba de capa caída.
    Bueno, Raúl, encantada de leerte. Un beso.

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    1. Eso de que las mujeres no pueden contener la orina, no lo puse por experiencia ni atrevido, me lo afirmó una mujer, pero si es un dato erróneo, tomalo como una libertad narrativa, o andá a ver al doctor, no sé, ja.
      Gracias por pasar y por avisarme lo del blogg: no era la imagen, sino el formato del sitio.
      Saludos.

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  2. Uf, en ese fondo negro se perdió el comentario, como si se hundiera en lo más profundo del mar, devorado por tiburones. Besos.

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  3. Me ha gustado el relato en general por el mensaje que entraña, ese "salir del armario" (no sé si al otro lado del Atlántico se utiliza esta expresión) y la liberación que supone aceptarse como uno es en realidad.
    Pero también me ha gustado la frescura con que cuentas la historia y los diálogos con la sobrina 'petarda' son geniales.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Kirke. Sí, se usa la frase, pero acá se hacen los yanquis y dicen clóset.
      Gracias por encontrarle un mensaje y por ver frescura en la historia.
      Saludos

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  4. Buena y entretenida historia Raúl, me ha gustado la naturalidad del relato, esa sorpresa que pasa a ser algo que se quiere y los diálogos son frescos y con el tono que toca entre esa tia y sobrina que no se aguantan, pero que después se entienden muy bien.
    Un saludo

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    1. Con estas clases de historias, siempre trato de que se lean como una anécdota bien cotidiana. Si se lee así, logré mi cometido.
      Gracias por leer.
      Saludos.

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  5. Raúl ¿Cómo va?
    Este relato tiene una mezcla linda entre personajes sumamente reconocibles (La sobrina hinchapelotas; la vecina vieja y chusma; el marido de la vecina, viejo, tosco y machista; sin hablar de las protagonistas) y una vuelta de tuerca "inesperada" en sus reacciones, la rotura del cliché.

    De ahí su frescura, como bien dijeron más arriba.

    La única mezcla que no me gusta es la del lenguaje.
    Colectivo, mango, borrega, pendeja, cocorita, pajita-sorbete (en el mismo párrafo) conviviendo con platicamos, y todos los verbos conjugados en español neutro.
    En esa no te sigo, che.
    Polka o el Canal de las Estrellas.

    Me gustó la mención de Open, recuerdo haber jugado pool y tomado unas birritas algunas vez.
    Lindo detalle.

    ¡Un abrazo!

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    1. Ah, si habré pasado mis viernes en Open. En la época que iba yo no había pool, sí en Via Cavi (al costado de la plaza, bajo el puente).
      Gracias por pasar, Facu.
      Saludos.

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  6. Raúl, veamos si ahora puedo dejarte el comentario que antes no me permitía (qué mal anda Blogger).
    No soy romántica, pero este relato de romanticismo no tiene mucho que digamos, no del tradicional. Me resultó muy divertido y se lee con ganas para ver en qué termina el "romance".
    También me gusta el lenguaje coloquial (sacando el "platicamos" y alguna de las expresiones que te gusta usar) y las puteadas que hoy las minas hemos incorporado a nuestro vocabulario.
    El final me pareció muy logrado y dentro del tono del relato y del personaje, tiene un matiz de ternura.
    Gracias por mandarlas a un lugar maravilloso de mi tierra natal.
    Un abrazo.

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    1. Eso demuestra que no soy bueno para estos géneros, pero me conformo con que te resultara divertido. 
      Lindo lugar, dan ganas de irse ya.
      Saludos, Mirella.

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    2. No dije que no sos bueno, cada uno tiene su versión del romanticismo y el tuyo no es del tipo clásico que, por otra parte, es poco creíble en las relaciones de hoy.

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    3. No, si no digo que lo dijeras vos, yo afirmé eso en cuanto al género en custión. Y comparto tu opinión sobre el romanticismo de hoy en día.
      Saludos.

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  7. Es una historia que se lee rápido. Está bien lograda, y muy fluida. Además, usa un lenguaje y forma de expresarse más cercano a lo universal que a lo local, razón por la que se entiende para personas incluso de otros países. Bueno, yo soy chileno, así que entiendo todos tus modismos. Y no me molesta, porque no abusas de ellos. En cambio usas un español neutro que me parece razonable si lo que buscas es llegar a todo el mundo (yo también lo uso).

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    1. Esa es mi idea, Julio, hacer una narrativa para todos sin perder mis raíces. Entiendo que a mis compatriotas no les agrade, pero es un estilo que me gusta: ni neutro ni argento. Estilo própio.
      Saludos.

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  8. Hola!

    Me ha gustado mucho la historia, es diferente a lo que venias escribiendo. Sin duda me ha gustado la intensidad y la agilidad con la que la he leído y sin pelos en la lengua.
    Besos!

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    1. Hola, Esther. La historia fue un lindo desafío y la escribí gustoso.
      Intento ser directo con mi escritura, y no pienso en qué pensará el lector sobre tal o cual cosa. No hay que tener pelos en la lengua, aunque sí cuidado. Lo principal es que el lector se entretenga y que no me juzgue a mí por lo que hace o dice un personaje. Si eso pasara, este no es el blog que debería leer.
      Saludos.

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  9. Un ameno relato narrado con desparpajo e informalidad, dos ingredientes que le dan frescura y lo hacen más cercano. Me has hecho sonreír en más de una ocasión mientras leía, una excelente señal, y es que las protagonistas, cada una a su manera, son únicas. Muy bueno, me ha gustado mucho :))

    ¡Un saludo!

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    1. Me quedo muy feliz con tus sonrisas, Julia. Esa es para mí la mejor señal.
      Saludos.

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  10. Merecido el premio para un gran relato.
    Saludos.

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  11. Me ha gustafo tu relato, Raúl. Diferente esa historia de amor. Me gusta cómo narras y me identifico con esa forma de ir a lo universal desde lo particular. Felicidades.

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    1. Me alegro que te gustara y que te sientas identificada. Gracias por volver a pasar, Balbina.
      Saludos.

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  12. Me gusta mucho como has sabido manejar los tonos en esta novela, el realismo hasta lo casi cotidiano en algunos momentos le ha dado mucho valor a la historia que ya de por si era buena
    Besos

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    1. Hola, Mientras Leo, agradezco la lectura y el valor que le encontraste al modo en que está contad en cuento. Sos muy amable.
      Saludos.

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  13. Hola Raúl!
    Interesante escrito, pudiste ya editar tu libro?
    Me agradó tu blog, asi que te sigo !

    Me gustaría que te pases por mi blog literario para ver qué te parece y si te gusta, sígueme :).

    saludos !!

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    1. Sos bienvenido, Kosmisch. En un rato paso por tu blog.
      ¿A qué libro te referís?
      Saludos.

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  14. Según mi mujer es al revés el tema de ma orina...pero este no es el tópico, aunque me queda la duda ahora, le voy a volver a preguntar, la cuestión es que no le robe el beso a la vecina, que por cierto es muy anciana. Saludos y genial.

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    1. Ricardo querido, pensé que te había tragado la bloggósfera. Qué bueno tenerte de vuelta.
      Mirá, una cosa es segura: venden protectores para la incontinencia femenina y hay publicidades.
      Saludos.

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  15. Otro relato que me deja con buen sabor de boca¡¡¡ una historia de erotismo donde el final le da el toque de nostalgia para equilibrarla... un premio muy merecido... bien escrito y muy caliente esa relación lésbica... Genial¡¡ un abrazo¡¡

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    1. Hola, Francis. Ya leí en tu blog que disfrutaste de las vacacoones y eatoy al tanto de tue proyectos. Bravo
      Me alegra que te haya sabido bien el cuento. Agradezco mucho que pasaras a leerlo. Siempre son alentadores y entusiastas tus comentarios.
      Saludos.

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  16. Qué bueno que es volver a leer este relato.
    Demostrás, Raúl, que no solo sos muy bueno en el ámbito del horror, el terror, el suspenso, sino que también salís notablemente airoso navegando en otras aguas menos comunes en tu literatura.
    Felicitaciones.
    Saludos.

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    1. Como no soy quien para contradecir tu opinión, la voy a recibir y a agradecerla como corresponde (es que no estoy seguro de que sea tan así, aunque trato de esmerarme, ja). Sos muy amable.
      Saludos.

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