lunes, 18 de abril de 2016

¿Dónde está Gregory Samsa?

Un cuento de Raúl Omar García
Bajo el seudónimo de
Miriam Blass


Cuando Gregory Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.
Su primera reacción fue gritar, pero el sonido que salía de su boca (¿?) se asemejaba a algo chirriante, como el de una cigarra entonando su cántico habitual.
Observó con profundo horror su piel humana desparramada entre las sábanas, y de sus ojos saltones brotaron lágrimas. Pegó un salto hacia el piso, impulsado por sus cuartos traseros, se acercó hacia el pantalón que había dejado allí tirado y hurgó con sus patas la pistolera, en un vano intento de hacerse con su revólver.
No podía permitir que su familia lo viera transformado en aquella cosa espantosa.
Giró su cuerpo verdoso hacia la izquierda del cuarto y extendió sus alas. Las agitó hasta que levantó vuelo y se impulsó hacia la ventana, la cual destruyó al salir a través de ella.
Comenzaba a cantar el gallo cuando el ser volador surcó los cielos.

Un carruaje de la autoridad apareció en la granja de los Samsa a las pocas horas de aquel extraño episodio. La desaparición de Gregory era un misterio que el sheriff no terminaba de digerir. Los acontecimientos eran raros, inusuales. Su mujer afirmaba que ella estaba preparando el desayuno al momento en que oyó el estruendo que provocó en el ventanal destruido. El ruido la asustó, y se dirigió rápidamente en dirección al cuarto con el nombre de su marido en un grito. Pero no obtuvo respuesta alguna, y su esposo no se encontraba por ningún lado.
La mujer atribuía aquello a algo que había acontecido la noche anterior.
Mientras comían, sucedió un hecho difícil de explicar. De repente la noche se había iluminado. Un resplandor cegador alumbró la granja por completo. Seguidamente, hubo un estampido feroz. Luego, los animales se alborotaron en la cuadra. Gregory tomó su escopeta y marchó a toda prisa en busca de algún cuatrero, pero no había nadie. Lo que sí encontró fue un pozo, no muy profundo, detrás del establo, y, dentro de él, una piedra en forma de esfera, que supuraba un líquido espeso por las grietas que tenía.
Gregory la tocó con la punta de su escopeta, la cual se manchó con esa flema pegajosa y, con gesto de asco, se alejó de ella.
Ordenó a su familia que se fueran adentro, y afirmó que no había nada que ver allí afuera, a la vez que limpiaba los orificios del arma con su camiseta.
Terminaron de cenar y Greg fue el primero en ir a acostarse, cosa nada habitual en él, pero dijo que no se sentía muy bien. Y así debía ser, ya que su mujer aseguró que ya roncaba de lo lindo cuando entró a la habitación.
Después pasó lo que ya sabían.
El sheriff pidió que lo llevase al lugar donde se hallaba la piedra. Observó el objeto con respetuosa fascinación, elevó la vista al cielo y se enjugó el sudor de la frente con su pañuelo al tiempo en que pensaba en la piel que estaba en la cama.
—No quiero que nadie se acerque a esa cosa —ordenó—. Mantenga alejados a sus pequeños de este lugar, señora Samsa. ¿Entendido?
Ella asintió, y abrazó a sus dos hijos.
—Encuentre a mi marido, por favor.
El sheriff tragó saliva y volvió a secarse la transpiración del rostro, pero no respondió nada.

Una semana había transcurrido desde el asunto de Gregory Samsa, y nadie sabía de su paradero. Habían distribuido afiches por todo el condado con la imagen de su rostro y con la cifra de una recompensa para quien lo encontrase con vida.
Pero ni noticias del pobre granjero.
—Ya deberíamos darlo por muerto, jefe —sugirió el ayudante del sheriff—. Pienso que fueron los pieles rojas. Ya sabe, a esos les gusta despellejar y arrancar cueros cabelludos.
—Esto no tiene nada que ver con ellos, Pat. Y cierra esa bocaza tuya. En cuanto vea una sola flecha volando por nuestras cabezas, te haré culpable de iniciar el conflicto.
Ambos montaban sus caballos por una zona árida y montañosa cuando, de repente, un indio apareció por detrás de una elevación natural, no muy alta, de terreno rocoso. Llevaba en su mano derecha su tomahawk en alto, como lista para hachar. Pat desenfundó su arma, pero su jefe posó su manaza sobre la suya para detenerlo: el nativo sioux se había desplomado a los pies de los alazanes.
—Jefe, le falta un brazo —señaló el joven ayudante.
—Tengo ojos, Pat.
—Sería mejor que volviéramos. Si así se atacan entre ellos, no quiero imaginar lo que nos harían a nosotros.
No terminó Pat de expresar su opinión, cuando otro sioux asomó a la carrera, con su arco y su flecha en las manos y, detrás de él, una abominación alada persiguiéndole por el aire. Era un insecto del tamaño de un hombre, de un color mezcla de marrón y verde oscuro. Movía sus antenas en dirección a su presa, cerrando y abriendo las tenazas picudas de sus patas.
Los animales sobre los que el sheriff y su colaborador cabalgaban se agitaron y relincharon, obligando a sus jinetes a bajarse de sus lomos, y se marcharon a todo galope del lugar.
Pat, con sus colts desenfundados, y su jefe, con su carabina presta para la acción, fueron testigos del instante en que el indio se dejaba caer de espaldas, boca arriba, para que el insecto gigante lo rebasara, ocasión que aprovechó para lanzarle un flechazo en medio del vientre antes de aterrizar en la polvorienta superficie. La sangre del ser salpicó al sioux, quien retrocedió a rastras en el suelo, gritando, mientras su dermis se desprendía de su cuerpo, dejando solo músculos a la vista. El piel roja se desgañitaba de dolor, y calló cuando todo su cuerpo se recubrió por una envoltura de seda transparente, mutando a una especie de capullo. La criatura herida posó sus patas en la tierra seca y se arrancó la flecha con una de sus pinzas. Entonces, advirtió la presencia de los representantes de la ley.
—Jefe...
—¿Qué quieres, Pat?
—Si salimos vivos de esta, ¿qué es lo que diremos?
El sheriff lo miró de soslayo y, en una ráfaga de pensamientos que cruzaron su cabeza sobre piedras caídas del cielo, piel muerta, granjeros que se esfumaban sin explicación y capullos gigantes —cual si la respuesta le hubiera caído como un rayo—, dijo:
—Bueno, pues, que por fin hallamos a Gregory Samsa.
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  Esta historia la hice para «Versus 3», un Mundial de Relatos que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaCarmen GutierrezPepe MartinezRobe Ferrer Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores»—ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma literaria. Con este cuento participé en la tercera ronda de eliminación. La consigna: escribir un relato que inicie con este pasaje: «Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto».

30 comentarios:

  1. Me gustó mucho este relato, Raulo.

    Veo pintitas de los Tommyknockers de King y el Color que cayó del cielo de Lovecraft en el coso alienígena que aterrizó en la granja.

    Esta vez, a diferencia de 40 minutos, el español neutro - que aborrezco con la vida - no era evidente y los diálogos me sonaron más naturales (a mis oídos porteños, e inevitablemente chauvinistas).

    Flor de mezcla entre Kafka y el género western. Te quedó muy bien.

    Te recomiendo, ya que estamos en la temática, el cuento "Samsa enamorado" de Haruki Murakami (del libro "Hombres sin mujeres").

    ¡Te mando un abrazo grande y mis felicitaciones!
    (¿Habrá una continuación de este relato? - chan chan chaaaan - Ojalá que sí)

    Facu The Kid.

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    1. Hola, Facu!
      No pensé en Los Tommyknockers y nunca leí nada de Lovecraft. Es más, ni siquiera leí La metamorfosis. De Kafka solo leí una antología que me resultó horrible. Todo el cuento está continuado tan solo de ese primer pasaje. Si hay coincidencias con algo es mera coincidencia, y es la pura verdad, ja.
      Agradezco mucho tu lectura. No sabía que habías leído Cuarenta minutos. Aunque es verdad que en ese cuento hay mucho neutro debido, probablemente, a que la coautora es española, yo convino esa manera de escribir con el argentinismo en todos mis escritos, creando un híbrido narrativo monstruoso que a mí me gusta y que siento mi marca.
      Apunto la recomendación ya que hace rato que quiero leer a Murakami.
      Y no, no habrá continuación. Es muy raro que haga segundas partes.
      Saludos.

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    2. "Todos los escritores son en realidad el mismo" Pensó alguna vez Borges, aunque no con estas exactas palabras.
      ¡Celebro la coincidencia!

      Sí, leí Cuarenta minutos ni bien salió, casi, pero al no haberme gustado decidí no comentar :)

      Murakami es un viaje de ida, hermano. No te arrepentirás.

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    3. Toda opinión es válida en mi blog, así que, en el futuro, si no te gusta algo, despachate tranquilo.
      Creo que voy a darle una chance a Murakami.
      Abrazo.

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  2. Me gusta, Raúl. Ese lado western siempre me ha gustado y es muy poco tratado en la literatura, quizás Thompson sea lo más parecido en alguna de sus novelas.

    Besos

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    1. ¿Te referís a Jim? No leí nada de él. Pero creo que está lejos del western que hago yo, ja. Lo mio es un delirio, aunque tengo en mente una de vaqueros hecha y derecha.
      Me alegro que te gustara, Mientras Leo.
      Saludos.

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  3. Excepcional, como siempre¡¡ es verdad que en el primer párrafo ha venido a mi mente la Metamorfosis pero, nada que ver¡¡¡
    Es arriesgado mezclar western y ciencia ficción pero, a veces, resuelve la situación... en este caso ha quedado muy convincente...

    Empatizar con Gregory me hace estremecerme¡¡¡ amanecer convertido en insecto gigante ha de ser una pasada¡¡¡
    Un abrazo y una genialidad¡¡¡ Feliz día del libro (aquí en España).

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    1. Gracias, Francis. Me encanta el western, y hacer estas mezclas son experimentos que disfruto mucho. Me alegro que lo disfrutaras.
      Abrazo.

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  4. Interesante el desafío que proponen en El Edén de los Novelistas Brutos (gran nombre, por cierto) y más interesante el modo como has sabido enfrentar con estilo propio y con atrevimientos uno de los inicios más inquietantes de una obra maestra de la literatura universal. Saludos, Raúl Omar.

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    1. En El Edén siempre estamos tratando de ser innovadores, deberías participar, Eduardo.
      Te agradezco la lectura y el comentario.
      Saludos.

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  5. hola! nos sumamos a tus seguidores, nos encanta tus reseñas y entradas, nos gusta mucho las novelas y libros de terror y gótico, te esperamos , si lo deseas por la morada del buho lector, saludos de dos buhas que no se asustan fácilmente!

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    1. Hola, chicas, bienvenidas a mi blog, en el cual no hay ni una sola reseña, pero sí muchos relatos. Espero que lean alguno y que les guste.
      Saludos.

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  6. Tarde pero seguro. Mirá si me iba a perder el western kafkiano.
    Muy bien llevado, entre los sioux y el sheriff no podía faltar el cuatrero gauchesco... jajaja...
    En esa piedra que cayó del cielo y en su líquido viscoso me hizo recordar una película muy vieja que vi de chiquita y me llenó de miedo: "La mancha voraz", pero la peli va por otro lado.
    Me gustó mucho, Raúl, antes también me chocaba el uso del neutro con argentinismos, pero me acostumbré y es tu estilo.
    Abrazo.

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    1. Nunca es tarde. Mirá, estaba tan seguro de que pasarías por acá que estaba esperando tu comentario para preparar la entrada con el siguiente relato.
      Así que te acostumbraste al argentineutro, ja. Me siento algo culpable, pero complacido.
      Me alegra leerte animada. Espero que tus cosas estén mejorando.
      Saludos.

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  7. Te agradezco doblemente tu visita a mi blog, porque me ha permitido conocer el tuyo.
    Interesante relato.
    Saludos.

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    1. Muy bienvenido, Macondo. Disfrutaremos de nuestras letras, espero.
      Saludos.

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  8. Sin duda el sheriff era un hombre práctico... ¿qué otra respuesta cabía dar? :P

    Un buen relato, Raúl, me ha gustado mucho. Creo que el principio a todos nos ha recordado a la conocida obra literaria "la metaformosis", pero luego ha tomado su propio y original camino para convertirse en una historia con identidad propia. No quisiera yo tener una experiencia parecida, la verdad, ni aunque me permitiera volar...

    ¡¡Un saludo!!

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    1. Bienvenida, Julia.
      Recuerda a esa obra porque el comienzo es el mismo, esa era la consigna.
      Agradezco tu visita.
      Saludos.

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  9. Brutal. Me alegro mucho de haber encontrado este blog. Es muy difícil encontrar por aquí gente que escriba tan bien, y con escribir bien no me refiero solo a la forma de narrar, sino a nivel ortográfico y gramatical. Puntúas bien todo: comas, puntos, diálogos, y eso, como digo, no se ve mucho por este mundo blogger.
    Por otro lado, tenía ganas de leer westerns, y me encuentro con tu western de terror fantástico (yo también tengo uno de este estilo, un microrrelato) que me ha gustado mucho por lo bien ambientado que está. Los diálogos, aunque son breves, me han parecido muy bien formados, y la disparatada historia me ha hecho recordar las historias de ''Creepshow'': quedaría bien como un relato para las pelis, es muy de ese estilo.
    Un saludo, y te seguiré leyendo.

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    1. Bienvenido, Ricardo. El agradecido soy yo. Me gratifica mucho tu entusiasta comentario; sos muy amable.
      Espero que te quedes por mucho tiempo.
      Saludos.

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  10. hola! te hemos nominado a los premios Liebster a wards!!!! pasa por favor por el blog cenando con libros y retíralo, con un banner gratis, ese blog nos acaba de nominar y no pasamos aun, pero ardíamos en deseos de compartirlo y te lo regalamos a ti también"!besos.

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    1. Hola, chicas, bueno, muchas gracias, son muy generosas.
      El blog no lo encuentro. Hay uno llamado Censndo libros^^, pero no vi ni una entrada de premios.
      Saludos.

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  11. Ricardo tiene razón, socio, eres brillante en todos los sentidos. Un abrazo.

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  12. Vaya, Raúl, qué difícil lo va a tener un tal Kafka cuando te lea y pretenda escribir algo utilizándo tu caparazón, no sé si logrará ser tan original como tú en la mezcla de elementos. Enhorabuena.

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    1. Ja, ja, ja, gracias Balbina por tu comentario y muy bienvenida. espero verte seguido por acá.
      Saludos.

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  13. Genial, nivel narrativo de aquellos. Cuando sea grande quiero ser como vos. Vi cada escena como una película de westerns y bichos diabólicos. Pregunto si con insecticida se podría destruir el bicho ese. 👏 aplauso

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    1. Oiga, no se haga el pendejo que ya debe ser bastante grandecito usted.
      Es muy probable que sirva el insecticida, ojo, no se me había ocurrido.
      Abrazo, Ricardo.

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  14. Se siente la acción a cada paso; se percibe el suspenso y el devenir de lo peor...
    Te movés con mucha soltura en el western, y siempre es un placer disfrutar tus letras del Lejano Oeste.
    Un abrazo, Master.

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    1. Gracias, Juan. Me encanta el wester, y consumo mucho de ese cine, del clásico americano y del spaghetti italiano. Trato de acercarme a ellos con mi narrativa, y que me digas eso me pone contento.
      Saludos.

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