martes, 4 de junio de 2013

El niño que sentía culpa por tener hambre


—¿Qué quieres?
El muchachito que había llamado a la puerta, y de seguro venía a manguear algo, hundió su cabeza entre los hombros y se echó a llorar.
—Perdón —balbuceó—. Tengo hambre.
El hombre, tocado por la escena, invitó a pasar al nene, que se enjugaba las lágrimas con las mangas de un buzo rotoso.
—No tienes que pedir perdón por querer comer, papito.
—No es por eso.
—¿Entonces? —inquirió confundido el mayor.
—Es por lo que voy a comer.
A continuación, el niño saltó sobre el anfitrión y clavó sus colmillos en la yugular de la víctima, la cual intentaba zafarse de la criatura, pero esta se aferraba como una garrapata.
El propietario cayó de rodillas, desvaneciéndose por la pérdida de sangre, y su espalda se fue inclinando hasta quedar sobre sus talones.
El pequeño espectro sorbió y tragó hasta saciarse.
Ni bien terminó de alimentarse, volvió a llorar.
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Este microrrelato lo hice para un «especial» de Sábados de Brutos Escritores, que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores»—ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma literaria.
La consigna era la siguiente:
Basándonos en la foto adjunta, elaboraremos un microrrelato que no supere las ciento cincuenta palabras (sin cantidad mínima de palabras, y sin más reglas...).