domingo, 10 de febrero de 2013

Una promesa incierta


Los sonidos de mis pasos retumban en la soledad del pasillo, el cual recorro como si lo hiciera en cámara lenta. Las paredes que me flanquean son de un gris opaco, con manchas de humedad que dibujan formas que parecieran tener vida propia. A lo lejos, distingo la reja en la parte superior del umbral que debo cruzar, y me resulta extraño verla enrollada: siempre que vengo está bajada.
De pronto, las luces del corredor se apagan, dejándome a ciegas. Los tubos tras los plafones del techo comienzan a titilar y se encienden, mortecinos, de forma alterna. Las puertas de las habitaciones de esa pieza larga y estrecha se abren al unísono de par en par y me invade el olor a azufre.
Me persigno y beso la estola que llevo alrededor del cuello mientras me prometo que este será el último exorcismo que le practique a esa pobre niña.
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     Este microrrelato lo hice para un «especial» de Sábados de Brutos Escritores, que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar García, Pepe Martinez, Carmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma literaria.
     La consigna era la siguiente:
     Basándonos en la foto adjunta (¿un pasillo de hospital?), y como comentario en este mismo posteo, dejemos un microrrelato que no supere las ciento cincuenta palabras (sin cantidad mínima de palabras, y sin más reglas...).
  Sin premios esta vez, solo por el placer de jugar escribiendo, de compartir nuestras historias y de leernos (que tan bien nos hace...).