lunes, 14 de octubre de 2013

La muerte es cosa de viejos


El otoño había llegado bastante frío, pero eso no le impidió a Hermes arrellanarse en su banco de mimbre, en el porche de su casa, y beber su lata de cerveza matutina. Al tercer sorbo, uno de sus vecinos pasó frente a su jardín delantero, paseando a su perro.
—Veo que empinas el codo de temprano, ¿eh, vecino? —dijo el hombre, deteniéndose delante del edificio. El can ejecutó unas volteretas sobre sí mismo, olfateando en derredor.
—Lo sorprendente —objetó Hermes— no es que yo esté bebiendo temprano en mi casa, una cerveza que pagué con mi jubilación, sino que puedas ver algo desde esa distancia.
—Pobre de ti. Mi vista es perfecta, en cambio tú usas esos anteojos de culo de botella que te hacen parecer una lechuza con estreñimiento.
—¡Oye! —exclamó de repente Hermes, irguiéndose hacia adelante, y apuntando con la mano que sostenía la bebida—, dile a tu perro que se aleje de mi césped, la última vez me plantó un sorete del tamaño de una rueda de morcilla.
—No acuses a Bólido sin pruebas en su contra. El vecindario está plagado de animales.
—Pero el tuyo es el único que caga con la imagen de la cara de su dueño.
El aludido frunció los labios y agitó un dedo acusador.
—Mira, Hermes…
—Ya deja de romperme los huevos, Elio. Y vete de una vez a hacer lo que tengas que hacer.
—Ejercicio —espetó Elio, con jactancia—. Diez vueltas a la manzana, como todas las mañanas. Algo que te vendría bien para perder un poco de peso.
—Sí, puede que te haga caso —consideró Hermes dándole un sorbo a su bebida—. Noto que tu vientre ha bajado bastante… te llega hasta las rodillas.
—Bah… Eres un viejo ridículo —gruñó Elio, con ademanes exagerados—. Vamos, Bólido, no sea cosa que se te peguen las garrapatas de este energúmeno. —El perro reaccionó al oír su nombre y siguió a su amo, con la lengua afuera.
Cuando Elio hubo recorrido unos pocos pasos, Hermes lo reclamó.
—¿Qué quieres? —preguntó Elio, apenas girando la cabeza.
—Ven —le invitó, sacudiendo un brazo. Elio se volvió a regañadientes.  Cuando estuvo junto a aquel odioso sujeto, se palmeó la pierna derecha para que su mascota acudiera a él, y a continuación se cruzó de brazos como un niño enfadado.
—Cambia esa jeta y siéntate un momento, ¿quieres? —exhortó a modo de orden Hermes, atizando de manotazos a la banqueta que tenía a su diestra. Con una mueca, Elio accedió.
Una joven cruzó montada en bicicleta por el asfalto y dedicó un saludo a ambos hombres.
—Mira como labura el muerdetrapo —mencionó Hermes, indicando la tanga de color rosa que asomaba, bien calada, por sobre la cintura baja del pantalón de la chica.
—¿Para eso me has llamado? —protestó, indignado, Elio.
—No, hombre, no. Qué carácter. ¿Te apetece una? —ofreció, señalando la lata de cerveza.
—No.
—Como prefieras.
—Hermes…
—El moishe espichó. —La repentina noticia (y la falta de tacto para anunciarla) provocó que Elio se quedara estupefacto.
¿Massot?
—El mismo.
—Por Dios, cómo debe de estar la judía.
—Su esposa está destruida. Ni que hablar de sus hijos. Pero no es de eso de lo que deseo conversar. Ya es hora de que abandones las negativas, y de que tomes una decisión, porque yo voy a ir esta misma noche.
Los viejos torcieron los cuellos al unísono hacia la casona que tenían a la izquierda, a lo lejos, hacia una vivienda deteriorada y siniestra, la cual se alzaba en una especie de colina, y que recordaba de manera escabrosa a la mansión Bates. De pronto, como si se tratase de un mal augurio, un sonido tronó ensordecedor.
—¡Hermes, maldito seas! —renegó Elio, zarandeando las manos delante del rostro—. Estás podrido por dentro.
—Disculpa. Estos gases me están matando desde anoche. Pero no me cambies de tema. Elio… no podemos esquivar el guadañazo por mucho más tiempo. Desde que esa gente arribó al pueblo, los ancianos mueren como ratas.
Elio se frotaba la cara, con la mirada ensimismada, asimilando cada palabra de su interlocutor.
—Nadie lo advierte, ¿por qué? Dime —instó Hermes para obtener una respuesta.
—Porque somos viejos.
—Y…
—…los viejos fallecen.
—No es sorpresa para nadie, claro está. —Hermes remató su bebida y estrujó el aluminio con sus gruesos dedos—. Ya van cinco este otoño ¡Cinco! No pretendo ser el próximo.
—Permíteme que lo piense.
—Eres un cobarde.
Elio se incorporó como un resorte y se marchó a paso ligero.
—Dije que lo pensaré. Bólido, vámonos.
Y Elio se alejó, apartándose de un Hermes que cavilaba en la manera en que abordaría aquella casa.
Cerca de las veinte horas, el teléfono sonó en la casa de Hermes.
—¿Sí?
—Este verano, mi perro cumpliría nueve años.
—Y yo tengo la próstata del tamaño de una sandía.
—Lleva desaparecido desde el mediodía —continuó su perorata Elio.
Hermes se enmudeció, su cerebro trataba de dilucidar la información que le acababan de soltar de sopetón.
—Esos desgraciados no solo se cargan a la gente mayor —concluyó inmediatamente.
—Voy contigo. En un rato estoy por ahí. Aguárdame.
Elio se presentó tan rápido como le fue posible. En el bolsillo de su campera llevaba un arma de fuego calibre .32 que poseía hacía muchos años, adquirida para la defensa de su hogar y de su familia, y que jamás tuvo que utilizar. Esta sería la primera vez, si acontecía, cuando ya sus hijos habían abandonado el nido tiempo atrás, y cuando su mujer llevaba muerta más de diez años.
No esperó a golpear a la puerta o a tocar el timbre, ingresó enérgico y se encontró con un cuadro que lo dejaría traumatizado de por vida: un carcamal completamente desnudo en medio de la sala.
—¡Por todos los cielos! ¿Qué haces en bolas?
—Estoy en mi casa —respondió Hermes, sorprendido por la abrupta irrupción, pero sin una pizca de pudor. Ni siquiera procuró taparse las partes íntimas.
—Por favor, no des un paso más o vas a pisarte las pelotas —rogó Elio, asqueado, cubriendo la visión con un brazo.
—Ja, qué putazo. Me visto y vamos —dijo el dueño de la casa, y se dirigió al dormitorio, contoneando las arrugadas y peludas nalgas.
En cuanto Hermes estuvo preparado, ambos salieron a la cruda noche, él con un machete que utilizaba para podar las ramas de los árboles, y Elio con su revólver en el bolsillo. Alguna que otra persona andaba todavía en la calle, pero solo unas pocas les prestaron atención, incluso cuando presenciaban a uno de los vejestorios aferrando un cuchillo enorme.
Subieron la empinada ladera, no sin dificultad. Más le costó ascender a Hermes; cada vez que hacía un parate, Elio esbozaba una sonrisa socarrona y lo miraba de reojo, sin detenerse.
Al alcanzar el caserón y, con sus respectivos elementos de protección prestos, se agazaparon en el flanco donde había un gran ventanal por el cual podrían escudriñar el interior. Al elevar las cabezas hacia el cristal, los hombres abrieron los ojos y las bocas de forma descomunal, y se pegaron un susto de muerte cuando un baldazo de sangre enchastró el lado de adentro del vidrio frente a sus faces.
Hermes y Elio gritaron como niñas aterradas ante una alimaña. El miedo provocó que el segundo oprimiese el gatillo sin querer, y que la bala saliera disparada directa al pie de su compañero.
¡AAAAYYY! —chilló Hermes, entre sorprendido y horrorizado, largando el machete—. La puta que te parió, pelotudo.
Antes de que Elio lograra disculparse, la luz de la entrada se encendió de improviso, y la puerta se abrió con violencia. La silueta de una amorfa figura gigantesca se recortó en el umbral; miró a un costado, luego al otro, y salió al exterior.
Hermes y Elio bajaban la elevación de tierra como si «San Puta» los llevara, el primero tomado del hombro del otro por culpa de la herida de bala.
—Elio, si salimos de esta, recuérdame asesinarte.
Ninguno de los dos redujo la velocidad, ni voltearon a dar una ojeada a las cosas que estaban por darles alcance.

34 comentarios:

  1. Muy amena pieza plena de elementos contemporáneos. Magistralmente narrada y con los personajes tan bien dibujados que se mira como cine en nuestras pantallas mentales. Ojalá y hubiese un medidor que marcara la carga de energía que disparaste al involucrar las mentes de los lectores.
    BRAVO MAESTRO por traenos éste momento en zombilandia.

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    1. El medidor sos vos con tus comentarios, Carlos. Sos muy amable. Me encanta que leas todo como vieras películas ;)
      Un abrazo, y gracias a vos por tu compañía.

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  2. Raúl, lo primero que leo de vos, me encantaron los relatos, un película hecha dialogo, seguiré leyendo tus escritos, un abrazo enorme.

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    1. Bienvenido, Esteban, y gracias por comentar. Espero verte seguido por acá. Por mi parte, ya soy parte de tu blog. Te deseo mucha suerte con él.
      Saludos.

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  3. ¡¡me ha encantado!! vaya viejos...Mis saludos...

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    1. Me alegra mucho, Adelfa. Gracias por comentar.
      Saludos.

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  4. Una sugerencia por aquèllo de que algun viejillo-a pase por aqui.. que la letra de las entradas sea un poquito mas grande... abrazos...

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    1. Sugerencia agendada :D
      Recomiendo, de paso, usar el zoom del explorador ;)
      Saludos.

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  5. Raúl, me hiciste reír con ganas con los diálogos de los dos viejitos. Los retrataste muy bien y la historia es realmente amena, como dijo Carlos.
    El final, que se corta en el momento exacto, puede llegar a ser espeluznanate.
    Me permito hacerte una obsevación (de pura hincha cocos que soy). Es el tema del tú que desentona con las palabras bien porteñas y lunfardas que usás en varias ocasiones: laburar, parate, pelotudo y alguna otra que se me escapa. En mi opinión lo tendrías que escribir o todo en neutro o todo en argentino.
    Me alegro mucho que estés escribiendo de nuevo
    Abrazo.

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    1. Que te haya causado gracia mi relato es un halago, porque fue escrito como comedia (aunque de comedia no tiene nada, ja) para un mundial de literario, y quedé afuera en la primera ronda porque no hizo reír a nadie :P
      El estilo neutro/argento que utilizo es adrede. Me apena que te desentone.
      Gracias por pasar.
      Saludos.

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    2. No te apenes Raúl, si elegiste ese estilo está bien. Tal vez (y sólo tal vez), lo tendrías que hacer más evidente, exagerarlo, para que que se note bien y no parezca algo que se te chispoteó.
      Pero no me des bolilla, porque soy demasiado detallista... es una sugerencia nomás.
      Saludos.

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    3. Toda sugerencia es siempre bienvenida ;)
      Gracias y saludos, Mirella.

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  6. ¡Bravo! ¡Fuerte el aplauso!
    Qué bueno poder volver a leer «La muerte es cosa de viejos», master. Con una calidad narrativa impecable, imposible no sentirse un poco compinche de los dos ancianos amigos y vivir su aventura tan particular.
    Los diálogos, como se dijo, te sacan más de una sonrisa; y el final, abierto, espeluznante, da un cierre terrorífico propio de tu estilo, magistral.
    Un placer leerte, genio.
    ¡Saludos!

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    1. Sos muy amable, Juan. Valoro mucho tu comentario, ya que sé que no te «mató» mucho este relato.
      La calidad narrativa impecable no es gracias a mí. Si no fuera por el Word, el WordReference, y gente que me aconseja muy bien, mis escritos no serían lo mismo. Vos viste el original...
      Te mando un abrazo.

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  7. Coincido con Carlos, un lenguaje muy cinematográfico pese a estar dominado por el diálogo. al final es un efecto visual espléndido
    Besos

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    1. Amo el cine, amo escribir. Todo se fusiona, por suerte.
      Gracias por la compañía, Mientrasleo.
      Saludos.

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  8. No entendí muy bien. Pero los viejos uno de ellos me dio asco hahaha el que se presento desnudo LOL.... Aunque si da un poco de risa. Soy Mexicana asi que algunas palabras aunque las conozco para mi son raras ¿Si me entiendes? xD yo trato de escribir palabras que todo mundo entienda. Por favor haz lo mismo :C. Fuera de eso fue muy facil imaginar todo y me hizo leer hasta el final y eso no cualquiera GRACIAS RAUL :) cada que te leo vale la pena.. Me gusta aprender de ti como de otros escritores... Sigue escribiendo relatos tan originales :)

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    1. Gracias a vos, Sarah, por leer y comentar tan amablemente.
      Sí, ese viejo es un asqueroso, ja.
      Hacé como yo: cuando no entiendo alguna palabra de las novelas que leo (ya que todas están traducidas al español de España), recurro a Google, y santo remedio.
      Saludos.

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  9. Excelente, me entrometí entre esos viejos y fui hasta ese lugar, es como ir hacia la muerte. Abrazos.

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    1. Gracias, Ricardo. Espero que te hayas asustado de camino a esa mansión.
      Saludos.

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  10. ¡Qué bueno! Me ha encantado...
    Un placer el haber descubierto tu blog.
    Saludos

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    1. Muy bienvenida, Eva. Ya estoy siguiendo tu blog, pronto te retribuyo lectura. Espero verte muy seguido por acá.
      No estoy escribiendo mucho últimamente, así que te recomiendo leer lo que hay hasta ahora.
      Saludos.

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  11. Espectacular, como siempre, se puede ver prácticamente cada escena con una claridad única ya que describís cada detalle con una elegancia única, y eso da calidad.
    Ya extrañaba un poco ese humor algo negro e inesperado, oculto entre las palabras. Gustó volver a leerte aunque sea un poco.

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    1. Lo importante es que estás presente, Cristian. Me alegro mucho que hayas regresado, y que hayas elegido un cuento que te gustara. Te mando un abrazo. Ya comenté tus nuevos escritos, genio.
      Saludos.

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  12. Entre terrorífico y divertido. Los diálogos me han parecido muy ingeniosos y naturales, nada forzados. La trama me ha dejado con ganas de saber más, de poder entrar en esa casa y ver todo lo que ocurre allí dentro.
    Sinceramente, me está gustando mucho lo que voy leyendo.
    Así que sigo.

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    1. ¡Cuánto me alegro que estés disfrutando de mis relatos!
      Gracias, Mr. M.
      Saludos.

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  13. Jajajajajaja, esos dos pobres viejos acojonados corriendo calle abajo sin saber de qué?... y ahora qué, nos dejas muertos del asco sin saber si había cavernícolas, mutantes, vampiros o extraterrestres en la casa? Últimamente dejo tus lecturas para el final pero estas historias cortas dan mucho juego... esos dos viejos buscando al perro y enfrentándose a una banda de vampiras sexis que quieren comerse al pobre perro tendría mucho... no se... ya estoy desvariando¡¡¡ muy bueno tío, como siempre. Seguiré por aquí¡¡¡

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    1. Ja, bueno, en la casa había lo que tu imaginación prefiera (vampiras sexys, por lo que leo: draCULONAS) . Ahí radica la magia del relato abierto.
      Agradezco tus lecturas, Francis, de verdad.
      Un abrazo.

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  14. Es raro al ojo argento ver mezclado un "Enchastrar" con un "Quieres". Coincido con Mirella en que es un tanto chocante.

    Visto desde otro lado, podría ser tranquilamente Catherine Fulop jajajaja

    El resto está buenazo. Las descripciones de los viejos, sus actitudes y cosas (Hermes en culo y el comentario sobre el no pisarse los huevos - ¡Magistral!) están muy bien logradas, son el tipo de viejo forro que uno quisiera ser.

    ¡Un abrazo!

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    1. Trato de crear un lenguaje propio, donde sobresalga el neutro, pero sin perder mi raiz argenta. A mí no me suena mal, pero los entiendo. Lo importante es que les guste el cuento.
      Un abrazo.

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