miércoles, 9 de enero de 2013

Todo por un sueño

Basado en el villancico «La estrellita»



Una estrellita pasó
caminando pa' Belén

era tan linda y tan joven

que el niño la quiso ver




El buen buey dijo que no,

el gallo dijo no sé

pero el burriito de Pascua

quiso seguirla con él




Y así partieron los dos

el niño en regio córcel

hasta llegar a una tierra

copia feliz del Edén (Bis)




Cuando del burro bajó

la estrella no pudo ver

y al preguntar a otros niños

logró saber el porqué




La estrella cuando pasó 

por esta tierra de Edén

entre el mar y las montañas

del cielo quiso caer




Pues al fin pudo encontrar

en Chile gente de bien

y se quedó en su bandera 

para aprender a querer (Bis)



Cada Navidad, los elfos entonan la misma canción y me es inevitable no advertirla como una señal:
♪♫ Díganme si alguien lo ha visto pasar.
Lleva bajo el brazo nuestra única verdad, por la que elegimos continuar.
Un ciego, mendigo, «vio» por ahí que andan todos juntos riéndose de mí:
—Déjalo pasar, no es para ti.
—Si es para mí, eso lo sabré luego —le grité al pobre ciego—. Vamos, dime a dónde van ♪♫.
Habla de los sueños.
Apenas cumplo catorce años y siento que dejé de ser un niño hace ya demasiado tiempo. Busco a mi sueño desde que tengo uso de razón y, por alguna broma cruel del destino, nunca logro dar con él.
Estas fechas suelen identificarse con la nieve —¿acaso no nos presentan al hombre de los regalos con su abrigado atuendo rojo?—, pero aquí estamos en pleno verano y el calor es agobiante.
Ahora estoy transitando por una desolada carretera de un lugar del que no recuerdo el nombre. Aunque eso es lo de menos, sé que por aquí mora el buen buey.
Cuando me topo con él, lo encuentro arando al costado del camino. Al verme se incorpora en dos patas y se acomoda los tiradores de su pantalón corto color caqui.
—Varios veranos han transcurrido de la última vez que viese a un humano —dice con un vozarrón imponente. A su lado parezco una hormiga.
—He venido desde lejos para rogarle que me acompañe en busca de un sueño.
—Un sueño —repite rascándose el mentón.
—¿Lo ha visto? —pregunto—, sé que pasó por aquí.
—Los sueños solo se ven cuando se está dormido, y yo ya no duermo.
—No lo comprendo.
—Soñar despierto es para pobres de espíritu; perseguirlos es una utopía.
—¿Entonces?
—No cuentes conmigo.
—No ir tras las ilusiones de uno es de cobarde —le espeto. Con miedo, por supuesto, pero mantengo la entereza. Para mi asombro, el bruto estalla en carcajadas.
—No sería buey si no estuviera castrado —revela, y me da la espalda.
Decepcionado, pego media vuelta y me marcho sin decir palabra. Cuando me hallo a una distancia prudente, me echo a llorar.
No sentirme un niño no significa que no lo sea.
Al caer la noche, vislumbro un granero en medio de la nada. Decido que es un lugar propicio donde reposar y me encamino hacia allí. Al aproximarme, veo en la entrada a un pollino atado a un poste de madera.
—Ni lo pienses —hablan a mi espalda y casi muero del susto. Giro sobre mis talones sujetando lo que cargo cruzado en mi espalda y quedo cara a cara con un gallo de mi estatura—. Nadie jamás ha podido montar a ese jumento.
—¿Cómo lo sabes?
—No sé, solo lo digo.
—Busco un sueño.
—Todos lo hacen, chico —cacarea el gallo.
—¿No lo has visto cruzar estas inmediaciones?
—No sé.
—¿Cómo que no lo sabes?
—Es que bien pudo haber sido eso, como también una esperanza, o peor: una pesadilla. Lo mejor sería esperar un milagro.
—Esperar es de cobardes.
—Hijo, digo, hijo, la de los huevos es la gallina.
Enfurecido, agarro una piedra y se la lanzo. El gallo da un salto y huye dejando un sinnúmero de plumas blancas danzando en el aire tibio.
Me vuelvo hacia el pollino, me desprendo de la carga de mi espalda y del morral de cuero, retiro de este último un taco de harina relleno con carne y me siento a cenar.
—Si te convidase de este burrito, te convertiría en caníbal, ¿cierto? —Me río de mi patética ocurrencia y vuelvo a llorar.
Escucho rebuznar al animal y, al levantar la cabeza, observo que hala con los dientes de la cuerda que lo aprisiona. Dejo a un lado la comida y me arrimo al palo para desamarrar la soga, ya que esto es lo que interpreto que desea. Lo hago y el tosco cuadrúpedo sale a la carrera. Cabizbajo, regreso por mis cosas y me adentro en el granero para descansar.
Por la mañana, me despierto cuando algo húmedo y frío roza mi rostro. Al ver que se trata del morro del pollino, me enderezo de un salto en el colchón de heno.
—¡Has vuelto! —exclamo sorprendido—. ¿Será mucho pedir que me permitas montarte para continuar mi travesía?
El animal rozna y yo lo tomo como un sí.
Cabalgo horas en mi particular corcel hasta que doy con el pueblo donde mi tesoro arribó. Allí, un niño y una niña nos cortan el paso. A él le falta la nariz, solo ostenta dos orificios purulentos, y ella es una cosa horrenda y lampiña, con la boca en el lugar donde debería estar su mejilla. Ambos portan barras de hierro en sus manos.
—No busco problemas, les advierto —expreso con sinceridad.
—Si vienes por el sueño, sí los buscas —me dice sin nariz.
—Me pertenece —declaro.
—No puede pertenecerte algo que no has alcanzado. —Cuando dice esto, un hato de criaturas, menores que yo, todos ellos deformes y armados hasta los dientes (los que aún los conservaran, claro) con palos, hachas, machetes, fierros, piedras y cualquier tipo de elemento contundente, me rodea por todos los flancos—. Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad, y ese sueño que anhelas es ahora nuestra esperanza.
Medito un momento en lo que me manifiesta y recorro con la mirada a cada uno de ellos. Cierro los ojos y nuevamente me acometen las lágrimas.
Alguien dijo en cierta ocasión: «Si tienes un sueño y crees en él, corres el riesgo de que se convierta en realidad».
Pienso en ello en cuanto desenfundo la escopeta de la vaina que atraviesa mi espalda y acribillo al mocoso que diserta. La sangre y los restos de su cabeza salpican a los que están a su lado, y apenas dejo que salgan de su asombro cuando le vuelo la frente a la pequeña Quasimodo y a otro le reviento el torso en dos. El arma me resulta muy pesada y el repercutir lastima mi hombro, pero no interrumpo la masacre que inicié y agujereo uno por uno a esos leprosos y mugrientos ladrones.
Pretendo correr el riesgo de que mi sueño se convierta en realidad, pero para eso debo darle alcance. Sea como sea.
-----------------------------------------------------------------------------------------
Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
En esta ocasión había que escribir relatos basados en villancicos navideños. A mí me tocó la canción chilena «La estrellita», y el resultado fue «Todo por un sueño».
La versión que leyeron en el blog está revisada y corregida respecto de la original gracias a los comentarios y sugerencias de la gente del Taller.

12 comentarios:

  1. Nos has hecho esperar esta vez, eh?
    Me ha encantado el relato. hay quien pasa la vida persiguiendo sueños, y jamás fue un camino fácil
    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es verdad, estoy muy quedado, espero estar más activo. Actualmente estoy trabajando en un relato absurdo que quiero que vea pronto la luz.
      Me alegro que te encantara, y eso que comentás sobre lo difícil que es perseguir un sueño, es justo lo que quería plasmar.
      Saludos, Mientrasleo.

      Eliminar
  2. Bueno, ahí va:
    Al fin, me dije, salió el lado tierno de Raúl. Hasta me tenías sorprendido por la prosa que estaban leyendo mis ojos. Una linda historia para contarle a mis nietos en mi lecho de muerte, si llego hasta, pero cuando llegó el final todo se desmoronó. Debo admitir que se me escapó una sonrisita, no sé si es morbo o no, pero me gustó que los "boletearas" a todos, seguís siendo el mismo escritor que venía leyendo...
    Y yo que pensaba que el título "Relatos de terror" ya no encajaba en este blog.
    No me queda más que felicitarte, como siempre, me has atrapado con tus letras.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ja, ja, ja, la esencia de este blog son los «Relatos de horror», lo demás no son más que «Rarezas».
      Es muy grato saber que venías disfrutando de una prosa distinta y de golpe y porrazo te encontrás con mi estilo habitual, y sin embargo te saco una sonrisa en lugar de una puteada, ja.
      Y así como a vos te gustó, yo disfruté «boletearlos», je, je.
      Gracias por volver a mi blog, Cristian. Hay muchos otros relatos esperándote.
      Saludos.

      Eliminar
  3. Gran relato, Raúl.
    Pienso que es muy representativo de tu tan personal estilo. No está en mi ánimo polemizar con nadie (y menos con el querido Cristian ;) ), pero desde las primeras líneas me saltó la tecla: independientemente de que el argumento «sea», en mayor o menor medida, de «horror», he constatado que a lo largo de las venas de muchas de tus creaciones late una corriente de emotividad, una efusión de sentimientos frescos, espontáneos, de una ingenuidad conmovedora, que proporciona un sello distintivo a las mismas (a bote pronto, me vienen a la mente, como ejemplos de esto que te digo, «Toby», «Noche Buena» o «El cazador de Hadas»).
    Constituye este relato una muy atractiva alegoría que exalta a un niño-héroe que persigue la consecución de su sueño sin dejarse amilanar por las dificultades, perseverando firme en su camino y tragándose las lágrimas.
    Excelente la figura del protagonista, tierno en su desvalimiento y admirable por su arrojo: no sé si conseguirá alcanzar su sueño, pero yo así se lo deseo. Que esta vida perra no le arrebate las ilusiones y que la frustración no llegue nunca a empañar sus ojos. Que consiga al final todas sus aspiraciones. El chiquito es valiente, y se lo merece :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Troyano. Creo que manejo una cuota justa de emisión sensiblera en los relatos que nombrás, y obviamente lo hago adrede. Tanto «Toby», «Noche Buena», «El cazador de Hadas» y este, son cuentos de terror con un argumento que para mí requieren de esos sentimientos que, pienso yo, son los que les da fuerza a la historia. Tu observación me pone contento, porque es así como lo marcás. Es emocionante que te expresen lo que pretendés mostrar, y vos siempre lo hacés. Te lo agradezco de corazón.
      Saludos.

      PD: ¿No sabés si el chiquito conseguirá alcanzar su sueño? ¿Miraste, siquiera, la imagen de cabecera? Observala en detalle y luego decime.
      ;)

      Eliminar
    2. No, no, Raúl, debí explicarme mal: a lo que yo me referí en mi comentario no se trata en absoluto de «sensiblería» (una exacerbación efectista y, por lo tanto, falsa, de los sentimientos), sino de sentimientos genuinos, emociones tan reales como la vida misma.
      A mí no tienes nada que agradecerme, hombre: si yo capto en tus escritos lo que tú pretendes comunicar con ellos, es tan solo mérito tuyo. Porque sabes cómo hacer para transmitirlo a la perfección.
      En cuanto a la postdata... ¡Síiiiiiii, claro que leí la leyenda de la imagen que encabeza el cuento! Es solo que no quería pecar de iluso ( :P ) y que prefería que el artista en persona me lo confirmara ( ;) ).
      ¡Gracias!

      Eliminar
    3. Perfecto, todo más que entendido.
      Agradecido, como siempre.
      Saludos ;)

      Eliminar
  4. ¡Excelente!
    Vuelto a leer, y vuelto a disfrutar.
    Impecable, Raúl, de principio a fin: los diálogos lo hacen muy ágil y enseguida, sin darte cuenta, estás leyendo el final. Este último, asimismo, llega de improviso y te sacude, para bien, con su gran dosis de imprevisibilidad.
    En fin, una gran historia (en la etapa del ejercicio donde todavía reinaba el anonimato de los autores, y a la hora de votar, "Todo por un sueño" fue uno de mis tres elegidos. Y no solo eso: en esta ocasión tu relato, para mí, fue el mejor: lo dejé en el 1º lugar de mis votos :) ).
    ¡Felicitaciones!
    Saludos mil...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sos muy amable, Juan. Que comentes que votaste mi relato, y que además te pareció el mejor, hace que se me hinche el pecho. Se siente muy bien que tu historia sea del agrado de los demás.
      Con respecto al final, hasta a mí me apareció de improviso, no tenía la menor idea de cómo iba a acabar el cuento hasta que el niño se subió al pollino y llegó al pueblo, entonces todo me vino a la cabeza de golpe y me pareció perfecto, si no, hubiera caído en la trampa del relato tierno, con mensaje cursi, y desabrido.
      Por lo que leo te mantuve entretenido: ese es mi trabajo. ¡Misión cumplida!
      Saludos, amigazo.

      Eliminar
  5. Tierno, la estrella relieve de bandera. Saludos Raúl.

    ResponderEliminar