jueves, 29 de noviembre de 2012

Cambio de guardia



Basado en ARQUEOLOGÍA de Héctor Priámida Troyano.

El guarda dormitaba en el pasillo ante la sala de Egipto. No escuchó a sus espaldas las pisadas del monstruo, amortiguadas por los vendajes.




El retén que habían enviado de la planta como reemplazo del personal nocturno de seguridad no estaba acostumbrado a trabajar de noche. Al terminar su ronda con un recorrido por la sala de Egipto, que se encontraba en el pasillo lindante a la base de vigilancia, le invadió una modorra impresionante.
A las tres de la mañana pasó por teléfono el QRU correspondiente y se acomodó en su silla. En la mano sostenía un rollo de lo que parecía ser un papel, el cual había encontrado en el piso junto al sarcófago que habían traído el día anterior en una embarcación procedente del Mediterráneo.
El hombre desplegó la lámina y trató de interpretar el galimatías que allí había escrito: palabras como IbKaBaAjRenSheut y jeroglíficos extraños donde destacaba el de un halcón con cabeza y brazos humanos. No entendió un carajo.
El guarda empezó a adormecerse y al rato sus párpados acabaron por cerrarse. El papiro se le resbaló de las manos y fue a parar al linóleo verde.
Pasados unos segundos, y con el hombre completamente ajeno a lo que acaecía a su alrededor, una sombra se cernió sobre la figura del durmiente y alguien lo tomó por la espalda. En el sobresalto, abrió los ojos como platos y se vio sofocado por un montón de trapos sucios que hicieron presión en su boca. Aterrorizado, se impulsó con los pies hacia arriba para intentar asestar un cabezazo a quien lo atacaba. El impacto provocó una súbita polvareda nauseabunda que le causó escozor en la vista. El vigilante echó su osamenta hacia atrás y tuvo la sensación de estar recostándose en un almohadón macizo. Forcejeó hasta zafarse y, al girar en redondo y quedar de cara al agresor, el tipo se quedó de piedra: ante él había una momia.
Lo poco que se apreciaba del monstruo bajo el atavío de tiras astrosas era parte de su piel curtida como el cuero, carne seca de cadáver deshidratado. Resuelto a eviscerar a su presa por cada uno de los orificios del cuerpo, el ser avanzó con movimientos anquilosados y atenazó con sus petrificadas zarpas marchitas al estupefacto mortal.
En el cambio de guardia, nadie reparó en el vigilador que se retiraba con una peculiar sonrisa en su rostro; pero sí en los órganos, la sangre, la mierda y los sesos en torno al cuerpo vendado del ataúd egipcio.

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Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
   Por ser vísperas de Halloweenn, en esta oportunidad había que escribir un relato de terror de 400 palabras basándose en un microrrelato de otro autorcon narrativa externa y en pasado, en el que estaba prohibido incluir zombis, hombres lobo o vampiros. El resultado fue «Cambio de guardia», versión libre de «Arqueología» de Héctor Priámida Troyano.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Rabioso celuloide



Basado en PLENILUNIO de Diego Adrián Olguín Flores.

Tras la pelea sigo en la calle. Su mordida quema.
La luna llena lo ampara y me cambia. Oigo su aullido.
Me niego, pero al final yo iré a él.


Tras una breve estática y un fundido en negro de la pantalla, la luz roja de la cámara titiló dos veces en señal de que continuaba grabando.
La escena se veía torcida, como si el asfalto se apreciara cuesta arriba. Unas patas peludas pasaron frente a la lente. De fondo, muy lejos, una mujer cruzó a las corridas con un bebé en brazos; seguidamente, un auto estrelló su trompa contra un poste de luz en esa misma esquina: quedó con el capó abierto y echando humo del motor. Gritos, pisadas, gruñidos, cristales que se rompían; el bullicio producía fuertes interferencias en la recepción del sonido, como si se tratase de un acople entre dos sistemas acústicos próximos. Una salpicadura de sangre fue a parar al vidrio de la filmadora y se deslizó por él como una lágrima espesa.
El dueño de la videocámara apareció en el epicentro de la filmación con una de las bestias prendida a su tobillo. Con el pie libre le daba de patadas al hocico para que lo soltara, pero el animal no cedía. Desgañitándose de pánico y de dolor, el chico deslizó su culo hacia atrás por el pavimento impulsándose con sus antebrazos, arrastrando consigo a la fiera hasta dejar en cuadro tan solo los cuartos traseros de la alimaña. A continuación se oyó un quejido y el cuerpo del feroz atacante se fue de lado, quedando apenas a la vista la convulsión de sus extremidades posteriores.
El tomavistas se bamboleó y ofreció imágenes difusas. A modo de toma aérea, enfocó el piso adoquinado y asomaron las puntas de unas zapatillas sucias. El muchacho había regresado por su máquina y, con un primer plano sobrecogedor, mostró su pierna mutilada; jirones de carne y jean colgaban de la lesión que le habían infligido. La mordida se presentaba hasta el hueso y sentía que le quemaba.
Con profundos jadeos filmó a su agresor, el cual yacía con el cráneo abierto en un charco de sangre junto al fierro con el que el adolescente se había defendido. Ejecutó un veloz movimiento en travelling hacia el oscuro y estrellado firmamento para hacer una captura de una impactante luna llena y, en ese instante, alucinó con que él se transformaría en uno de esos seres rabioso.
Practicó una panorámica del lugar para mostrar el masivo ataque que una jauría de perros de todas las clases estaba efectuando contra las personas.

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Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
   Por ser vísperas de Halloweenn, en esta oportunidad había que escribir un relato de terror de 400 palabras basándose en un microrrelato de otro autorcon narrativa externa y en pasado, en el que estaba prohibido incluir zombis, hombres lobo o vampiros. El resultado fue «Rabioso celuloide», versión libre de «Plenilunio» de Diego Adrián Olguín Flores, historia por la cual me distinguieron con el diploma que ven a continuación: