jueves, 26 de julio de 2012

Casos peculiares sobre adolescentes masculinos que sufren el desprendimiento de la parte superior del cuerpo


  José se había dado cuenta del tajo en su cuello cuando, haciendo fila en la parada del colectivo, una anciana dijo:
   —Joven, me está empapando. —La sangre le salía a chorros del corte, y regaba la cara de la mujer.
    Pasaron los días y la hendidura se abrió más. Esto le obligó a llevar una muda de vendas, las cuales debía cambiar cada cinco minutos.
    En la escuela, sus amigos le lanzaban protectores diarios; o lo llamaban por teléfono a su casa solo para preguntar: «¿Tajo-sé?».
    Así vivió un tiempo hasta que la cabeza se desprendió de su cuerpo.
    Unos niños dieron con el cadáver a las pocas horas, y jugaron al fútbol con el esférico de carne y hueso hasta que llegó la policía.
     —¿Otro más? —preguntó el suboficial mayor al oficial.
     —Sí, señor. Con este, son diecinueve los adolescentes que perdieron la cabeza por un tajo, esta semana.
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     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
     En esta oportunidad debía escribir un microrelato humorístico, con un título de quince palabras. El resultado fue «Casos peculiares sobre adolescentes masculinos que sufren el desprendimiento de la parte superior del cuerpo», historia por la cual me otorgaron el diploma que ven a continuación:



miércoles, 4 de julio de 2012

Frígida


     El lugar era gélido, pero a él no le importó. La mujer desnuda sobre el lecho le proporcionaba el calor corporal suficiente para mantenerse a la temperatura justa. Se acercó hasta ella y le acarició el cabello, el rostro y el cuello y, de forma juguetona, llegó a los pechos. Apretó uno de ellos y comenzó a sobarlo; entonces, su pene se puso duro. Se inclinó y se dedicó a lamer y morder el pezón erecto de la joven.
     Deslizó una mano hacia la parte íntima de la muchacha y hundió los dedos en aquella hendidura exquisita; aunque seca.
     Se mordió el labio inferior y empezó a desvestirse. Una vez que estuvo sin ropas, se colocó encima de ella, una rodilla a cada lado de sus caderas, y besó otra vez sus duros y firmes pechos, su cuello y debajo de la oreja. Desde allí exploró con la lengua cada centímetro de la pálida piel, hasta llegar al pubis. Una suerte de electricidad atacó al joven en los testículos, y se estremeció.
     —No dices nada, ¿eh? —balbuceó, mientras intentaba separar las piernas de ella con las suyas para poder penetrarla—. No te hagas la frígida conmigo. —Pronunció estas últimas palabras con esfuerzo, dado que le costaba consumar la acción a causa de la estrechez que ella ofrecía. Cuando por fin logró «invadirla», e inició el meneo con énfasis, arriba y abajo, apretando las nalgas de su poseída, el intercomunicador sonó.
     El joven se bajó de un salto y oprimió el botón para hablar.
     —¿Qué?
     —No le vayas a acabar adentro —le dijeron del otro lado—, que mañana le hacen la autopsia.
     —¿Para eso me interrumpes? —Se volvió hacia el cadáver que había dejado en la camilla y suspiró con fastidio. Ya se sentía tan frío como ella.

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     Esta historia surgió a partir de la invitación que me hizo Juan Esteban Bassagaisteguy para participar, como su invitado, en el Segundo Juego Literario (Escribir un microcuento erótico) realizado en el sitio web Historias En La Azotea, página de Facebook, y blog, las cuales administra junto a Bibi Pacilio, Claudia Medina Castro, José Luis Bethancourt, William E. Fleming, Mauricio Vargas Herrera, Sebastián Elesgaray y Laura de la Rosa; todos ellos escritores amateurs en un espacio donde comparten sus historias, desafiándose en juegos literarios.
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