martes, 24 de abril de 2012

El disfraz del cariño




     ¿Qué responder ante semejante declaración?
     Podría ser hipócrita y hacerme el sorprendido, pero jamás haría algo así contigo. No lo mereces. Porque mis sentimientos van por el mismo lado que los tuyos. Y digo esto ya que lo que profesas en tu escrito es el más puro de los cariños.
     Antes que nada, no tienes que disculparte por ser sincera. Eso no te hace tonta, en absoluto. Y no puedes saber si pienso o no en ti, ¿o eres adivina? Como sé que no lo eres, déjame abrirte los ojos en un par de cuestiones.
     No pierdas tiempo buscando defectos en alguien que no conoces, nunca los encontrarás si quieres a esa persona. Lo haces para sacarme de tu corazón… bien… ¿por qué quieres hacer eso? ¿Me he portado mal contigo? Yo no quiero salir de allí, se siente bien calentito. Me gusta.
     ¿Sabes por qué te digo todo esto?, porque creo que confundes amor con cariño. Lo que interpreto de la carta es que intentas exponer un estado de enamoramiento que no es tal.
     No, no, no… espera. No te ofendas. No soy quién para opinar de lo que pasa por tu cabeza, pero permíteme citarte:
     «No debes saber que esto está pasando. ¿Qué dices, pequeña vocecita interior? ¿Qué (sic) tengo que enviarla para el ejercicio? ¡Oh, Dios! Es cierto. Bueno, así tengo el consuelo de que puedas pensar que todo esto es ficción.»
     «"Te quiero"… ¡Oh, Dios! Ahí estoy otra vez. Bueno... Te quiero, Raúl.»
     No querías que me enterara de nada de esto y te escudas a la espera de que crea que es parte del trabajo a realizar. Puede que el ejercicio sea una excusa para enterarme de todo esto, pero el hecho de que escribas te quiero y no un te amo (lo cual sería lo correcto, asimilando el contenido de la revelación) hace que piense que la estima que sientes por mí se haya trastocado un poco.
     No soy quien piensas que soy, ni por cerca. Ni siquiera puedes saber cómo suena el tono de mi voz por más acento provocador que tenga. Uno nunca es quien realmente es a través de un comentario o mensaje online. Y de eso doy fe. Entonces, «♪♫ no sufras por mí, Argentina. Mi alma está contigo ♪♫.»
     Para que te quede claro:
     Tu declaración, la cual no querías que supiera pero que  gracias a que enviaste la misiva para el ejercicio (ja), es más que bienvenida. Y no pretendo que me ofrezcas nada. Nada más de lo que ya me ofreces.
     Sí, claro que leí las partes en las que deseas acariciarme, besarme y todo eso que suena tentador. Pero como bien dices, es caro viajar a Argentina, y más caro si te llevas el chasco que de seguro te llevarías al conocerme.
     Mira, deja de lado eso de «olvidarte de mí y de todas las tonterías que sientes por mi adorado ser.» No son tonterías viniendo de ti. Me encantan. ¿No te sentirías a gusto si declarara lo mismo? Bah, soy un estúpido, con todo lo que escribiste por supuesto que sí.
     No puedes prometer algo para siempre porque no hay nada para siempre, y menos conmigo, dices. Te equivocas, corazón. Concuerdo con que nada es para siempre, y el amor es el ejemplo más claro del mundo, pero el cariño es eterno. Se puede querer hasta el fin de los días. El cariño tiene hasta la facultad de poder disfrazarse de amor y dejar fluir una confesión como la que me otorgas, en cambio, si el amor se disfrazase de cariño demostraría que algo no está bien, que algo se ha roto. ¿No?
     Por eso te retruco el comentario y te digo que conmigo el cariño es para siempre. Y si llega a ser amor, pues bienvenido. Pero no será lo mismo. Te lo advierto.
     No voy poner nada más porque no pretendo convencerte de algo que ni yo estoy seguro de que así sea. Puede que en mi intento de hacerte sentir mejor la esté cagando. Así que solo me voy a despedir de esta manera:
     Gracias por quererme tanto. Hace que te quiera más.
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     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez  y Juan Esteban Bassagaisteguy, destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma literaria.


     En esta oportunidad había que escribir una respuesta («El disfraz del cariño») a la carta de amor que Carmen Gutierrez me escribió como parte del ejercicio 8.5 («Raúl»)
     Esta redacción en conjunto fue premiada con el diploma que ven aquí arriba.

Ester

Ester:

     Tengo unas ganas incontrolables de confesar que te amo y poder ver en tus ojos el recíproco sentimiento sin la necesidad de que utilices palabras, y así dejar que tu boca emplee los labios solo para pegarse a los míos y ceder ante la pasión y el deseo. De esa manera quedaríamos envueltos en esa atmósfera única e irresistible que hace aparentar que el tiempo se detiene por toda la eternidad.
    Soy una llave para ese corazón de mil ranuras, la cual anhela poder abrir la puerta a tus sentimientos y lanzarse dentro de algún mundo en soledad que necesite de mi compañía.
     Quiero hacerte el amor bajo las estrellas y percibir en el cielo oscuro cómo se forman constelaciones de nuestros nombres convirtiéndolos en un lucero, el cual espera que pidamos el deseo de que nuestro amor sea hasta que la muerte nos separe.
     Ansío verte empapada  en el mar de mi lujuria y que te ahogues en mis olas de placer hasta que sientas las aguas de mi esencia estallar en rabiosa espuma en tu interior.
     Dime si es verdad. Dime si me sueñas cuando estás dormida; porque yo lo hago cada noche. Si es así, sabré entonces que ese es el lugar que eligen nuestras mentes para encontrarse y quererse.
     Ante mis insinuaciones te he visto vacilar en varias oportunidades, por eso quiero aprovechar un tiempo entre los dos y, al margen de esquivar miradas, te invito al juego del amor.
     Casi siempre sé lo que me conviene más en diversas situaciones que conciernen a los sentimientos, pero lo que sé poco importa en comparación con lo que siento hoy por ti.
     ¿Cómo se hace para no caer en el abismo de tu belleza sin quedar atrapado en ese pozo de tentaciones infinitas?
     Vamos, contéstame.
     No puedes, ¿verdad?
     Claro que no.
     Me tienes a tu merced y, desde luego, eso te gusta.
     ¿Qué?
     ¿Oyes que te nombran?
     Pues no te equivocas, es mi corazón quien te llama con cada latido que da. Golpea mi pecho intentando ser libre de la cárcel que representa mi cuerpo. Quiere ir contigo. Quiere ser tuyo.
     ¿Lo quieres?
     Por favor, di que sí.
     Está en tus manos. Puedes hacer con él lo que quieras. Pero te pido que no lo dejes caer.
    Me despido de esta misiva  aseverando cada palabra que has leído en ella. Me rindo a tus pies a la espera de una respuesta. Con un: «he recibido tu carta, gracias», me basta, te lo aseguro.
     Espero que al leerla tengas la sensación de que te recito las palabras al oído, causando que se te erice la piel con cada susurro de mi respiración. Y cuando termines, cierra los ojos y piensa en todas las cursilerías que aquí te entregué, y tal vez se dibuje una sonrisa en tu cara.
     Si logro eso, puedes apostar que estaré más que satisfecho.
    Ahora sí. Gracias por enloquecerme. Gracias por ser la mujer que pretendo a mi lado. Gracias, ya que por ti es por lo que soy un hombre completo. Ahora sé que tengo sentimientos que son imposibles de controlar.
     Te lo debo a ti, Ester, por cruzarte en mi vida.
     Te amo.
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     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez  y Juan Esteban Bassagaisteguy, destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma literaria.


     En esta oportunidad había que escribir una carta de amor dirigida a una de las participantes del ejercicio. La destinataria fue Ester Ca Mu, y el resultado fue: «Ester».

     A su vez, Ester debió responder a la misiva, y lo hizo de esta manera: Hola.
     Esta redacción en conjunto fue premiada con el diploma que ven aquí arriba.