viernes, 23 de noviembre de 2012

Rabioso celuloide



Basado en PLENILUNIO de Diego Adrián Olguín Flores.

Tras la pelea sigo en la calle. Su mordida quema.
La luna llena lo ampara y me cambia. Oigo su aullido.
Me niego, pero al final yo iré a él.


Tras una breve estática y un fundido en negro de la pantalla, la luz roja de la cámara titiló dos veces en señal de que continuaba grabando.
La escena se veía torcida, como si el asfalto se apreciara cuesta arriba. Unas patas peludas pasaron frente a la lente. De fondo, muy lejos, una mujer cruzó a las corridas con un bebé en brazos; seguidamente, un auto estrelló su trompa contra un poste de luz en esa misma esquina: quedó con el capó abierto y echando humo del motor. Gritos, pisadas, gruñidos, cristales que se rompían; el bullicio producía fuertes interferencias en la recepción del sonido, como si se tratase de un acople entre dos sistemas acústicos próximos. Una salpicadura de sangre fue a parar al vidrio de la filmadora y se deslizó por él como una lágrima espesa.
El dueño de la videocámara apareció en el epicentro de la filmación con una de las bestias prendida a su tobillo. Con el pie libre le daba de patadas al hocico para que lo soltara, pero el animal no cedía. Desgañitándose de pánico y de dolor, el chico deslizó su culo hacia atrás por el pavimento impulsándose con sus antebrazos, arrastrando consigo a la fiera hasta dejar en cuadro tan solo los cuartos traseros de la alimaña. A continuación se oyó un quejido y el cuerpo del feroz atacante se fue de lado, quedando apenas a la vista la convulsión de sus extremidades posteriores.
El tomavistas se bamboleó y ofreció imágenes difusas. A modo de toma aérea, enfocó el piso adoquinado y asomaron las puntas de unas zapatillas sucias. El muchacho había regresado por su máquina y, con un primer plano sobrecogedor, mostró su pierna mutilada; jirones de carne y jean colgaban de la lesión que le habían infligido. La mordida se presentaba hasta el hueso y sentía que le quemaba.
Con profundos jadeos filmó a su agresor, el cual yacía con el cráneo abierto en un charco de sangre junto al fierro con el que el adolescente se había defendido. Ejecutó un veloz movimiento en travelling hacia el oscuro y estrellado firmamento para hacer una captura de una impactante luna llena y, en ese instante, alucinó con que él se transformaría en uno de esos seres rabioso.
Practicó una panorámica del lugar para mostrar el masivo ataque que una jauría de perros de todas las clases estaba efectuando contra las personas.

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Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
   Por ser vísperas de Halloweenn, en esta oportunidad había que escribir un relato de terror de 400 palabras basándose en un microrrelato de otro autorcon narrativa externa y en pasado, en el que estaba prohibido incluir zombis, hombres lobo o vampiros. El resultado fue «Rabioso celuloide», versión libre de «Plenilunio» de Diego Adrián Olguín Flores, historia por la cual me distinguieron con el diploma que ven a continuación:



     
     

14 comentarios:

  1. Impecable en la diagramación de toda la trama, podemos tus lectores sentir el pánico vivido por el protagonista en el ataque de tinte apocalíptico.
    Con todo el respeto del mundo que me merecen tus letras (vos sabés que me encanta cómo escribís...), sigo sosteniéndome en mis "trece" de vasco porfiado con la oración final, como comenté en el ejercicio. Pero no me hagás caso: es solo una opinión demasiado subjetiva, la que, además, altera contra la regla de las cuatrocientas palabras. Pero, bueno, vos me conocés: no podía dejar de opinar (con toda la cordialidad) sobre la misma, je.
    Un abrazo, genio.

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    1. Juan, querido, vos comentá con libertad y sin vueltas. Es tu opinón y yo la voy a respetar, la comparta o no, así que NUNCA dejes de escribir lo que pensás en este blog o en Rarezas. En este caso estoy de acuerdo, pero como bien decís, darle más contundencia a ese final implica alterar la regla de las cuatrocientas palabras y modificar parte del texto.
      Salvo que decida hacer una versión extendida (cosa que tuve en la cabeza desde el principio), esta va a quedar así.
      Saludos y gracias.

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  2. Me gusta como nos haces la crónica de la agresión y grabación. Como siempre, con un toque de humor casi cáustico
    Besos

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    1. Bueno, yo soy un tipo mordaz, ja.
      La verdad, no escribí nada en estas lineas con la intención de que haya vestigios de algún tipo de humor, pero me alegra que lo recibieras de ese modo, ya que ese estilo pone más nervioso al lector, y espero haber conseguido eso en vos.
      Saludos.

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  3. Raúl, ante todo, querría insistir en algo que ya indiqué cuando te comenté este relato en "El Edén": es un verdadero placer encontrar una redacción tan esmerada, tan cuidada, tan trabajada como la que muestra este cuento, porque dice mucho de la escrupulosidad que pusiste al escribirlo y del respeto que te merecen tus lectores. Y solo de esta forma (esa, al menos, es mi opinión personal), sin deslices que entorpezcan la lectura, es como se puede disfrutar realmente un relato y apreciar sus cualidades.

    Esta "crónica" cuasiperiodística de una agresión apocalíptica constituye una excelente escena que nos abre la vista hacia un mundo amenazado de destrucción, un mundo que se tambalea en sus principios de racionalidad. Acosado por el misterioso ataque de bestias que han enloquecido.
    Y, además, la narración está impecablemente desarrollada. Lograste contagiarme la angustia del protagonista: conseguiste que me sintiera inmerso en la escena de terror que ofreces ante nuestros ojos. Me puse en la piel del protagonista y sentí su pánico ante la agresión y el dolor infligido por su herida.

    Mis más efusivas felicitaciones.

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    1. La verdad que sí lo trabajé mucho. En Tres de la ediciones que le hice diría que lo cambié por completo en todas las oportunidades. Es un orgullo grandísimo que me digas eso.
      Y me alegro que vivieras de esa manera el relato, era tal cual lo quería trasmitir.
      Saludos y muchas gracias.

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    1. :D, seguí leyendo, mis cuentos están para eso.
      Saludos

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  5. ¡Me gustó! , ojalá los perros pudieran vengarse de todaos los que los maltratan pero ellos no son malos, creo.
    Saludos

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    1. Ja, ja, ja. Un buen punto de vista, Romi.
      Lo que hace que mis perros ataquen a las personas no está definido (una de las cosas que los diferencia de Opopónaco, donde sí hay un motivo claro), ni siquiera me pongo a pensar en ello. Lo que sí te puedo decir, es que sí son malos, solo quieren matar.
      Saludos.

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    2. Bueno, esperaré a saber por qué los perros de Opopónaco los atacan aunque tienen algo que ver con los que los obligan a hacerlo, no recuerdo su nombre, interesante.

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    3. Ya vas a enterarte ;)
      Saludos y gracias por leer siempre.

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  6. ¡Me gusta mucho! Aunque no pudieran utilizarse los hombres lobo, los perros rabiosos y la luna aluden a ellos de forma mucho más terrorífica. Yo no sé mucho de escribir terror, pero como lectora sé que da más miedo un texto en el que se sugieren las cosas y se deja jugar a la imaginación que uno en el que se explique todo con detalle.
    Seguiré leyendo, Raúl, me gusta mucho como escribes.
    Un beso

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    1. Coincido con vos, Teresa. La sugerencia siempre es más poderosa. Insinuar es mejor que mostrar, casi en todos los ámbitos.
      Gracias por tomarte el tiempo de leer mis escritos y que además los disfrutes.
      Saludos.

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