miércoles, 4 de julio de 2012

Frígida


     El lugar era gélido, pero a él no le importó. La mujer desnuda sobre el lecho le proporcionaba el calor corporal suficiente para mantenerse a la temperatura justa. Se acercó hasta ella y le acarició el cabello, el rostro y el cuello y, de forma juguetona, llegó a los pechos. Apretó uno de ellos y comenzó a sobarlo; entonces, su pene se puso duro. Se inclinó y se dedicó a lamer y morder el pezón erecto de la joven.
     Deslizó una mano hacia la parte íntima de la muchacha y hundió los dedos en aquella hendidura exquisita; aunque seca.
     Se mordió el labio inferior y empezó a desvestirse. Una vez que estuvo sin ropas, se colocó encima de ella, una rodilla a cada lado de sus caderas, y besó otra vez sus duros y firmes pechos, su cuello y debajo de la oreja. Desde allí exploró con la lengua cada centímetro de la pálida piel, hasta llegar al pubis. Una suerte de electricidad atacó al joven en los testículos, y se estremeció.
     —No dices nada, ¿eh? —balbuceó, mientras intentaba separar las piernas de ella con las suyas para poder penetrarla—. No te hagas la frígida conmigo. —Pronunció estas últimas palabras con esfuerzo, dado que le costaba consumar la acción a causa de la estrechez que ella ofrecía. Cuando por fin logró «invadirla», e inició el meneo con énfasis, arriba y abajo, apretando las nalgas de su poseída, el intercomunicador sonó.
     El joven se bajó de un salto y oprimió el botón para hablar.
     —¿Qué?
     —No le vayas a acabar adentro —le dijeron del otro lado—, que mañana le hacen la autopsia.
     —¿Para eso me interrumpes? —Se volvió hacia el cadáver que había dejado en la camilla y suspiró con fastidio. Ya se sentía tan frío como ella.

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     Esta historia surgió a partir de la invitación que me hizo Juan Esteban Bassagaisteguy para participar, como su invitado, en el Segundo Juego Literario (Escribir un microcuento erótico) realizado en el sitio web Historias En La Azotea, página de Facebook, y blog, las cuales administra junto a Bibi Pacilio, Claudia Medina Castro, José Luis Bethancourt, William E. Fleming, Mauricio Vargas Herrera, Sebastián Elesgaray y Laura de la Rosa; todos ellos escritores amateurs en un espacio donde comparten sus historias, desafiándose en juegos literarios.
     Comentarios en la publicación original.

6 comentarios:

  1. Vale la pena reproducir lo ya comentado en "Historias En La Azotea", la calidad del microcuento lo amerita:
    "Truculento, macabro, tenebroso...
    Una muestra fantástica del poder literario de Raúl.
    Te felicito, amigazo, por tu excelente microcuento. Tu presencia engalana "La Azotea".
    Un abrazo."
    ¡Saludos!

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  2. ¡Sorpresa! La del lector...

    Al parecer es el único sorprendido de toda la historia. Ja, ja, ja.

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    1. Ja, ja, ja, es verdad.
      Gracias por leerlo, Marje.
      Saludos.

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  3. O_O sin palabras jaajajjajajajaa

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