viernes, 6 de enero de 2012

Contagio navideño


—1—
     —Flik —lo nombró sorprendido Nicolás al ver quién había tocado el timbre de su hogar—. ¿Qué sucede?
     —Tenemos un problema con La Casa de la Cartas.
     —Ven, pasa. —Y Flik entró—. ¿Qué clase de problema es ese para que vengas a contármelo?
     —Bueno… —dijo dubitativo el elfo—. Con este asunto de las redes sociales, toma como pedidos mensajes que dejan en Facebook o Twitter. También hay algunos de Google+. No sabe diferenciarlos. La mayoría de ellos son de gente adulta, la cual escribe sus pedidos a modo de broma, pero…
     Nicolás asintió, se acomodó los tiradores caídos en los hombros, agarró su abrigo del perchero y se lo puso.
     —Vamos a echarle un vistazo —dijo, y ambos salieron al frío exterior, donde nevaba como no lo había hecho en años.
     Llegaron al porche de una gran cabaña. El duende abrió la puerta y dejó que Nicolás ingresara primero. Millones de cartas se materializaban en el aire de la nada tras un fulgor de luz para luego ondear y caer en forma ordenada en distintas pilas del piso de la morada. Una de ellas apareció frente a los ojos de Nicolás y este la sujetó antes de que se depositara en su sitio. Ajustó sus lentes en el puente de la nariz y la leyó.
     Querido Papá Noel:
     Quería contarte que este año he sido una niña muy buena, y por este motivo quería pedirte de regalo a Sebastián Elesgaray…

—2—
     …descuartizado dentro de una caja :P    
     Sebastián sonrió y le dio al “Me gusta” con un clic. A continuación cerró sesión y apagó su notebook. Por lo visto su ex novia, Constanza, seguía descontenta con que la hubiera dejado. Aun así no lo había eliminado de sus contactos. Aunque, a estas alturas, supuso que no lo había hecho para que él pudiera leer todas las barbaridades que escribía en el muro del Facebook sobre su persona.
     Lo del encargo a Papá Noel le recordó que mañana pasaría las fiestas solo. Su padre se había ido de viaje de negocios y no volvería hasta febrero y su amigo, con el que compartía el departamento en la ciudad de La Plata, visitaría a su familia. Lo bueno de todo esto era que no tendría que comprarle regalos a nadie. Tal vez a su hermano, si pasaba a verlo.
     Puso música en el equipo y se dispuso a prepararse la cena. Tenía buena mano para la cocina. Por lo menos así lo creía él. Luego de comer escribiría un cuento para su blog ¿En silencio? y se retiraría a dormir.

—3—
     ¡Nicolás! —gritaron desde afuera.
     —Y ahora qué —murmuró el mencionado, guardándose la misiva que tenía en la mano en uno de los bolsillos del saco. Salió de La Casa de la Cartas con Flik pisándole los talones; este último cerró la puerta tras de sí de un portazo. Uno de los elfos del establo se acercaba a la carrera en su dirección.
     —Nicolás, tenemos un problema con Trueno.
     —¿De qué tipo de problema estamos hablando, Juno?
     —Él está tendido y con mocos amarillos en el hocico.
     —No es posible —articuló con notoria preocupación el hombre de tupida barba blanca y se puso en marcha.
     Llegaron los tres, Nicolás, Juno y Flik, al corral de los renos y, en efecto, allí estaba Trueno desplomado en la fría escarcha. Los otros ocho renos, con Rodolfo a la cabeza, estaban alejados de él como si temieran contagiarse de algo.
     Nicolás se acuclilló junto a Trueno y le acarició un costado del lomo.
     —¿Hace cuánto que está así? —preguntó mirando a Juno.
     —Lo encontré en este estado hace un rato, no sabría decirle.
     Con un movimiento súbito, Trueno se estremeció y lanzó un tarascón a la mano de Nicolás. Este retrocedió, se fue de espaldas y cayó redondo. Unas gotas de sangre tiñeron de rojo la nieve. Flik lo tomó por debajo de los hombros para ayudarlo a ponerse en pie y Juno se aproximó al reno, quien había dejado de respirar.
     —¿Se encuentra bien, señor? —inquirió Flik.
     —Sí —respondió el hombre, consternado—, es solo un mordisco. Esto no es una buena señal. Juno, encárgate de darle santa sepultura. Tú, Flik, no te preocupes por lo de las cartas, la casa se encargará de separar las que no nos interesan. Vuelvan a sus quehaceres, necesito estar solo.
     Dicho esto les dio la espalda y se encaminó a su casa.
     Esa noche Nicolás no la pasó muy bien. La temperatura le subió hasta el punto de hacerle delirar. La herida de su mano se había hinchado de manera monstruosa y le dolía hasta el codo. Se metió en la bañera con agua helada para bajar la fiebre, pero no funcionó. Al día siguiente tenía que entregar los regalos a los niños y no estaba en condiciones de cumplir con su tarea, ¿qué debía hacer?
     Después del baño se dejó caer en su mecedora y allí se quedó, a la luz de una vela, mirando a través de la ventana cómo caía la nieve. Unos duendes villancicos entonaban cánticos navideños, pero Nicolás no los aguantó más y los echó a gritos soltando una suerte de maldiciones impropias de él. Hundió las manos en los bolsillos de su abrigo y se encontró con la nota que había agarrado de La Casa de las Cartas. La releyó. Hizo un extraño tic con la cabeza y guiñó un ojo, inyectado en sangre, repetidas veces antes de volver a guardarla.

—4—
     Eran las veintitrés treinta cuando Sebastián oyó las campanillas. Faltaba solo media hora para que fuera Navidad. Ya había terminado de cenar y desde entonces estaba chateando con sus amistades mientras escuchaba a Kiss en la Rock & Pop. Se levantó de la silla y miró por la ventana en busca de la causa de aquel peculiar sonido cuando llamaron a la puerta. Sebastián se sobresaltó. Lo primero que pensó fue que era su hermano; dado que no esperaba a nadie no se le ocurrió otra opción, pero en su lugar se encontró con un tipo vestido de Papá Noel.
     —¿Sí?
     El seudo-Papá Noel no contestó y levantó un brazo con un hacha en una mano infectada y purulenta. Sebastián reculó aterrado y atinó a cerrarle la puerta en la cara, pero el sujeto gordo la empujó de una patada. El joven rubio se sentía como un niño de tres años al que intentaran raptar. Corrió hasta la mesada de la cocina pidiendo socorro a gritos y asió la cuchilla con la que había troceado la carne que había cenado. Se giró sobre sus talones en el momento justo en que el hacha silbaba junto a su oreja y se enterraba en la mesada de mármol haciéndola pedazos, instante en que aprovechó para apuñalar al viejo en el hombro. Sebastián sorteó al intruso a toda prisa para darse a la fuga, pero se detuvo en seco al ver dos enanos (¿?) vestidos de duende obstruyendo la entrada.
     —De veras que lamentamos esto —dijo uno de ellos.
     —Él es el que manda —explicó el otro agachando la cabeza avergonzado.
     De pronto, Sebastián percibió una inmensa sombra cernirse sobre él.

—5—
     Cuando dieron las doce, todos los presentes se pusieron a brindar. Luego de besos, abrazos y algún que otro llanto, la mayoría salió al patio a ver los fuegos artificiales, menos Constanza, que se quedó dentro de la casa al descubrir, junto al árbol de Navidad, una caja envuelta en papel de regalo con una tarjeta que rezaba su nombre.
     Se puso de rodillas dejando la copa de sidra en el suelo y se dispuso a romper la envoltura del regalo, ansiosa e intrigada. La caja era de un color pardo y era pesada. Quitó la cinta de embalar y levantó las solapas superiores para escrutar el interior. Los alaridos de Constanza hicieron que su parentela acudiera a ella, y la encontraron desmayada en el piso con restos humanos esparcidos a su lado. Dentro de la caja, volcada de costado sobre el contenido de la copa, yacía la cabeza de Sebastián Elesgaray, con un rictus que semejaba a asombro.
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     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
     En esta oportunidad había que escribir un cuento de Navidad, y el resultado fue «Contagio Navideño», historia por la cual me otorgaron los diplomas que ven a continuación:

     La versión que leyeron en el blog está revisada y corregida respecto de la original gracias a los comentarios y sugerencias de la gente del Taller.

18 comentarios:

  1. Una narración que subvierte los tópicos navideños, muy ágil y fluida, tan bien escrita que es un placer leerla, sin ningún tropiezo. Muy gráfica: a medida que iba leyendo el relato, se me venían a la mente las escenas narradas como si se trataran de las viñetas de un cómic... ¿Qué más decirte? ¿Que me encantó este relato? Pero eso te lo he dicho tantas veces que lo sabes ya, Raúl.

    Así que, simplemente, felicitarte por el éxito obtenido con él. Éxito que, a mi modesto entender, es super merecido.

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  2. La carcajada que solté al llegar al regalo solicitado por Constanza tuvo que llegar al otro lado del "charco". Desde luego, fue publicada en los periódicos locales.

    Constanza, te aconsejo tener más cuidado con lo que deseas porque se te puede cumplir y ... :O

    Sorprendente y muy actual.

    Me pregunto: ¿En el futuro habrá vacuna para ese virus? :D

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  3. A ver si puedo por fin publicar mi comentario, he tenido problemas con este blog XD el relato es genial, lleno de ese estilo gore que tanto me gusta sin perder el ambiente navideño, se lee rápido supongo que por el hecho de estar bien escrito (aunque ya sabes que los puntos y comas no son mi fuerte jeje) tiene un final muy característico de tus relatos y no se porque rayos no me di cuenta que era tuyo jaja.

    Como siempre un placer leerte Maestro y felicitaciones por esos dos regalos navideños que obtuviste... esperando el próximo relato de La ventana.

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  4. Muchas gracias a todos. Mis relatos no serían nada si ustedes no los leyeran y los disfrutaran como aparentemente lo hacen.

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  5. Ya sabés lo que opino! Es excelente!!!
    Es el relato navideño más oscuro que leí en la vida!
    Está bien escrito, es atrapante, sorprendente, etc., etc., etc.
    Para qué decir tantas cosas si los diplomas que ganaste ya hablan por sí solos???... Merecidísimos, por supuesto!

    Felicitaciones, señor!!!

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  6. Muchas gracias, Marina. Los diplomas es gracias a ustedes,los que lo votaron.

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  7. ¡¡ Espectacular !!...
    No descubro nada si digo que es el mejor relato del Ejercicio: lúgubre, repleto de acción, sin pausa para el lector, y con un final a todo trapo...
    El otro costado de la Navidad...
    Un gran gusto, como siempre, leerte...

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  8. Gracias por hacerte presente, Juan. Siempre tan amable en tus comentarios.

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  9. Macabro relato pero excelentemente escrito.
    Desde luego hay que vigilar mucho con los deseos que se piden, no vaya a ser que se cumplan.
    Saludos y feliz navidad de las normalitas

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    1. Muchas gracias por pasar a leer, Conxita.
      Feliz Navidad para vos también.
      Saludos.

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  10. Mi madre me repetía a menudo "ten cuidado con lo que deseas porque a lo peor tus deseos se pueden hacer realidad"
    A veces hablamos por hablar pero alguien nos escucha en serio y decide hacernos caso, entonces es cuando se lía parda. Y si no, que se lo pregunten a Constanza.
    Menos mal que yo los regalos se los pido a los Reyes Magos y no a Papá Noel.
    Un saludo.

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    1. Es verdad, pero ojo, imaginate a los tres reyes con los síntomas de Santa. Sería una carnicería.
      Saludos y muchas gracias por pasearte por estas viejas entradas.
      Saludos.

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  11. hola y feliz año!!!!! excelente relato, merecido premio para toda tu gente. estas viejas entradas como dices tienen mucho encanto, para quien sepa leerla. muchisimas felicidades!!

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    1. Gracias, Búho. Feliz año para vos también.
      Saludos.

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    2. hemos hecho la reseña de una recomendacion tuya: la dama de blanco.es muy buena , fue todo un descybrimiento. gracuas , pasate a leerla, si gustas. sakudisbuhos.

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    3. perdon, sin lentes no veo bien. soy pitu.

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