sábado, 3 de diciembre de 2011

Mi hermana Brenda

     
     Hacía tiempo que Aldana deseaba llevar al novio a su casa, pero sabía que no era posible. Aunque, pensándolo bien, su hermana se comportaba bastante «normal» desde hacía unos cuantos meses. Tal vez pudiera realizar el intento.
     No. No lo haría. Sería un riesgo desde todo punto de vista.
     Diablos, ¿por qué no? No podía seguir viviendo así. No debería permitir que Brenda la tuviera atada por siempre.
     Ya no le tenía miedo a Brenda. A partir de aquel primer ataque se había curado de espanto con todo lo que respectaba a su hermana. Ahora la observaba desde el umbral de la puerta del sótano. La veía allí, acurrucada y desnuda, encadenada al caño de gas (inhabilitado mucho tiempo atrás), dormitando. Bajó la escalera con sigilo, y al llegar abajo se sentó en el segundo escalón, con los codos en las piernas y las manos en el mentón. Soltó un largo suspiro y la llamó:
     —Brenda.
     La aludida movió la cabeza, la cual tenía hundida entre las piernas.
     —Brenda.
     Esta se removió y poco a poco levantó el rostro hacia quien la llamaba.
     La piel de Brenda era de un rojo oscuro, como sangre coagulada. Sus ojos eran dos bolas negras en las cuales uno podía reflejarse. «Cuencas polarizadas», les decía Aldana. Los dientes eran deformes y estaban torcidos en todas direcciones, y cada uno de ellos eran colmillos picudos. Estar cerca de ella era como sentarse frente a una estufa en verano. Era el maldito infierno en carne viva. Aldana dejó caer las manos y se tomó una con la otra.
     —¿Estás ahí?
     Lo único que recibió como respuesta fue un gruñido.
     —Dame una señal. Algo que me demuestre que aún eres mi hermana.
     Brenda se puso en cuatro patas y comenzó a andar hasta Aldana. Cuando el grueso collar de fierro hizo presión en su cuello, al quedar la cadena tirante, se detuvo y su rostro quedó a tan solo centímetros del de la muchacha sentada. La olfateó en el aire, se relamió, largó un bufido y se volvió dándole la espalda.
     Aldana se restregó el rostro con las manos y se puso de pie.
     —Debería matarte —sentenció ante la indiferencia del ser que llevaba su sangre, y subió por la escalera.
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     —Si tienes miedo puedes irte —dijo Cristian con sorna.
     —No es eso, pero si vuelve y nos encuentra aquí dentro vamos a tener problemas.
     —Ya te he dicho que no vendrá hasta la noche. La tengo bien estudiada. ¿Cómo crees que descubrí al Marebito*?
     —¿De veras es como la de la película?
     —Peor, Pili. Mucho peor.
     Pili asintió y Cristian utilizó su ganzúa para abrir la puerta trasera de la casa, la de la entrada al lavadero. El cuarto estaba oscuro a pesar de que era de día y los niños ingresaron en la propiedad sin ningún reparo.
     —Cierra la puerta y sígueme —ordenó Cristian—. Está en el sótano.
     Pili lo siguió sin articular palabra. Al llegar al lugar mencionado, Cristian se quitó la mochila de los hombros y se la entregó a Pili. Este la agarró y su amigo introdujo el gancho tipo llave en la ranura de la puerta de madera. Unos segundos bastaron para destrabarla.
     —Ya no fabrican las cerraduras como antes, ¿eh? —comentó Cristian guiñando un ojo a su compañero. Pili esbozó una sonrisa cargada de nervios—. Prepárate para ver lo más descabellado que hayas visto jamás.
     Cristian abrió la puerta y emprendieron el descenso.
     Pili no podía creer lo que contemplaba. Los nervios y el temor de haberse encontrado con aquella mujer desnuda le provocaron una erección, y eso lo avergonzó. Habían llegado al final de la escalera, pero no bajaron al piso de cemento. La mujer apresada se mostraba enloquecida. Se abalanzaba hacia ellos con el fin de darles alcance, pero el largo de la cadena se lo impedía.
     —¿Qué me dices? —preguntó Cristian.
     Pili no contestó.
     —Dame la mochila. —Y Pili se la pasó.
     Cristian se puso en cuclillas a hurgar dentro de la mochila y sacó un gran trozo de carne cruda envuelta en papel film.
     —Dicen que la música amansa a las fieras —recitó Cristian desenvolviendo la provisión—. Con esta, basta solo un cacho de ternera, ja. —A continuación, arrojó el manjar al monstruo.
     Pili admiró, absorto, la manera en que aquella mujer engullía. Era como una hiena hambrienta devorando a una pequeña gama. En su fascinación, no reparó en que Cristian se había arrimado a ella y colocaba, con mucho cuidado, la ganzúa en la muesca del fierro que tenía adherido al cuello.
     —¡Cristian, no lo hagas!
     —Hace tiempo que se lo vengo prometiendo. No iba a hacerlo mientras estuviera solo con ella.
     Cristian giró la mano y se oyó un sonoro clic, que hizo eco en la pieza subterránea, antes de que el collar se abriera. El niño retiró el brazo con apremio y retrocedió expectante.
     La mujer de color rojo se detuvo en seco y retiró las fauces de la comida. Luego gruñó.
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     Aldana se detuvo en la entrada de la casa y respiró profundo.
     —Tranquila, amor. —La calmó su novio acariciándole la espalda—. Te aseguro que, sea lo que sea lo que quieras mostrarme, nada hará que deje de amarte.
     —Eso lo dices porque no conoces a mi hermana Brenda.
     El muchacho frunció el ceño con media sonrisa en los labios, sorprendido por el comentario, pero Aldana no le dio tiempo a hablar; abrió la puerta y lo invitó a pasar.
     Había meditado bastante el hecho de llevar a Tomás a su hogar y contarle toda su historia. Toda la verdad sobre su vida oculta. Todo sobre Brenda. «Si me ama seguirá a mi lado», se decía una y otra vez, convencida de la seguridad que le ofrecía aquella frase. Y allí estaba, con él a su lado, a punto de develar el más oscuro de sus secretos. Obviamente no era ninguna ilusa y sabía que tenía más para perder que para ganar, pero qué mejor que intentarlo de una vez por todas. Así, por lo menos, tendría una buena excusa para despachar a su hermana si todo salía mal.
     Dejó a Tomás sentado en el sillón del living y le pidió que esperase a que lo llamara. Este asintió y estiró el cuello en espera de un beso que ella le concedió. Aldana se alejó de él y se encaminó hacia el sótano. Al llegar a la puerta, se quedó de piedra. Estaba entornada. Un calor sofocante salía por el espacio entreabierto y Aldana la abrió del todo con una mano temblorosa.
     Lo primero que encontró fue sangre en casi todos los escalones, con pedazos de «algo» que no supo especificar hasta que vislumbró una cabeza al pie de la escalera. Las piernas le flaquearon y susurraba: «nonononononononono», a medida que bajaba con pasos vacilantes. Vio la cadena con el collar de preso abierto rodeada de restos humanos, una mochila y una gorra. Giró la cabeza y descubrió a Brenda saboreando los huesos de lo que parecía el torso de un niño.
     —Maldita seas —le dijo Aldana, cerrando las manos en puños. Brenda levantó la cabeza y, al ver a su hermana, soltó el torso y, como una araña, trepó por la pared salpicada de sangre hasta situarse en un ángulo entre esta y el techo.
     Aldana sentía la furia a punto de explotarle en las sienes mientras Brenda la escrutaba desde lo alto, cabeza abajo, con los cabellos ondeando al aire y un rictus deforme en la boca.
     De pronto…
     —Aldi. ¿Estás ahí?
     …Tomás se aproximaba a la cueva. Aldana volvió la cara en dirección a la entrada y hubiera dado cualquier cosa por evitar que su novio bajara y se topase con aquel cuadro, y que la descubriera a ella con los ojos como si fueran dos «cuencas polarizadas».
*Marebito (稀人)Película de terror dirigida por Takashi Shimizu en 2004 en la que un hombre descubre a una joven, encadenada, en estado salvaje. Al ver que esta se alimenta de sangre humana, decide satisfacer las necesidades de su invitada. 
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     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
     En esta oportunidad había que escribir un relato de terror sin reglas de redacción, y el resultado fue «Mi hermana Brenda», historia por la cual me otorgaron los diplomas que ven a continuación:

     La versión que leyeron en el blog está revisada y corregida respecto de la original gracias a los comentarios y sugerencias de la gente del Taller.

11 comentarios:

  1. No sé cuál de las dos hermanas me da más miedo.
    Creo que la de arriba, siempre buscando una excusa para acabar...
    Ambas serían perfectas ... para un profundo estudio médico : físico y psiquiátrico ej.la piel roja, los dientes afilados, la posibilidad de trepar y ponerse boca abajo...
    Son tantos los interrogantes que me plantea tu historia... COMO SIEMPRE. Raúl, quisiera una segunda parte o mejor aún, una primera parte. :D

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  2. Marje, siempre presente. Gracias de corazón. Tus ideas de una segunda parte o de una primera me tientan. Lo voy a pensar.

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  3. Qué te puedo decir que no te haya dicho ya?
    Excelente, Raúl, como siempre!!!

    Gracias por compartir tu talento con nosotros!!!

    Saludos!

    P/D: Ojalá Brenda se coma a la tarada de Aldana!!!

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  4. Raúl, gracias por pensártelo. SIEMPRE me sabe a poco lo que escribes, "necesito" más. (Uy, el opoponax, nos hicisteis adictos. Recuerdo: A mí no me gusta el TERROR, en general.)

    Marina, bien pudiera ser al revés, ¿no? Son hermanas, la genética juega esas malas pasadas.
    Aldana habla de acabar con Brenda y Brenda no... habla. :)

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  5. Marina, y qué decirte yo cuando solo tenés palabras hermosas para conmigo y mis historias. Gracias a vos por estar al pie del cañón y leer todo lo que escribo y que encima te guste.
    Marje, cómo me gusta haberte traído al mundo del terror. Tus comentarios me hacen creer que disfrutás mucho de lo que escribo y eso me pone contento: leés, opinas, comentás, todo. Siempre agradecido con vos ;)

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  6. Lamento ser reiterativo, Raúl, pero no tengo más remedio que decirte que, como todos los relatos tuyos que he leído hasta ahora,este también me parece MAGNÍFICO. Sabes que lo identifiqué como de tu autoría, no tanto por mi sagacidad, que no sé si es poca o mucha, sino por la impronta inconfundible que imprimes en todos tus escritos. La fluidez y la atmósfera propia que impregna a todos ellos.
    ¿Que lo escribiste apremiado de tiempo? Si tú no lo dices, nunca lo habría sospechado. Mayor mérito entonces :)
    Sabes que eres bueno en esto. Cultiva esa magia y no la pierdas nunca.
    (¡Ah!, y secundo la moción de Marje. A mí también me gustaría saber más de esta fraternal parejita)

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  7. Impresionante...
    Sin duda alguna, merecidísimos ambos galardones: un relato de TERROR con todas las letras...
    Las escenas de las dos hermanas, de los pibes con Brenda, del novio y lo que se viene, geniales, muy vívidas, me dio la sensación en todo momento de estar allí, en esa "cueva", observándolo todo (y deseando que Brenda no me detecte, uhhh)...
    Excelente, Raúl... Gracias por compartir tus historias, un lujo para nosotros, tus lectores..

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  8. Luis, Juan: Por lectores como ustedes es que cada día me guste más escribir. Tal vez lo malo sea que soy muy fácil de detectar y no sé si eso es bueno o es malo. Por el momento defiendo mi estilo, hacer algo para que no me descubran sería forzarlo y eso no sería genuino. Mientras a ustedes les guste y los entretenga me basta y me sobra.
    Gracias, chicos.

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  9. ¡Qué miedo! Me encantó, no soy fanática de las películas de terror pero me a llamado la atención esta, tal vez la vea...

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    Respuestas
    1. Bueno, Romi, no es una película que se pueda recomendar. Si no te gustan los films de terror, ni la mires, porque no tiene nada que ver con mi cuento. Además es muy lenta, aburrida y sin sentido. Solo para enfermitos como yo.
      Saludos.

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