viernes, 28 de octubre de 2011

La brecha


     —¿Más café? —preguntó Corti posando el vaso térmico, lleno de café caliente recién servido, en la mesa entre los brazos del interrogado.
     —¿Y él quién es? —preguntó el joven, señalando con el rostro al sujeto que estaba al lado del detective.
     —Él es…
     —Milton Parés —interrumpió el aludido, interponiéndose entre el detective y el muchacho sentado—. La persona que cree en su historia.
     —Sé bueno y cuéntale al hombre todo lo sucedido, tal cual me lo has relatado a mí. El salto por… ¿la brecha? —dijo Corti y encendió un cigarrillo.
     El joven pelilargo, de rostro pálido y lleno de pozos, suspiró.
     —Antes que nada quiero ser sincero —comenzó el muchacho mirando sus manos—: estábamos muy drogados. Llevábamos dos horas fumando paco. No imaginé que mi chica moriría de ese modo…

     En una noche oscura y silenciosa, una brecha temporal se materializó de la nada y dos figuras se vieron expulsadas de ella como si hubiesen sido escupidas.
     —¿Te encuentras bien?
     —No —respondió ella—. No debimos habernos pasado con esa porquería. Todo me da vueltas.
     —¿Dónde estamos? —preguntó él, pasmado.
     —No lo sé, pero seguimos sin regresar a nuestro planeta. No podemos permitir que nos vean.
     —¿Qué clase de vegetación es esa…?
     —¡Rápido, escóndete! —Ambos se lanzaron cuerpo a tierra detrás de unos arbustos (¿?). Temblaban. A pesar de que intentaban disimularlo todo el tiempo, no podían evitar sentir miedo.
     Agazapados, observaron pasar a una criatura llena de pelos que olfateaba todo a su alrededor.
     —Ni se te ocurra hacer algo estúpido —ordenó ella en un susurro.
     —Quiero regresar a casa —expresó él con la voz tomada—. No me gustaría morir en las garras de esa cosa, menos a mi edad.
     De pronto, unos pasos a sus espaldas los tomaron por sorpresa. Él se dio la vuelta en el momento en que una extraña criatura, con una especie de arma en lo que parecían ser sus manos, atacaba a su compañera. Él gritó aterrado y, con desesperación, se incorporó de un salto.

     —Está bien. Tranquilo. ¿Quiere un poco de agua?
     —No creí que la atacaría a ella —continuó el joven, anegado en lágrimas, sin prestar atención a lo que le ofrecía Parés. Corti estaba reposado sobre una de las paredes del fondo del cuarto saboreando su tabaco—. Aquel monstruo sacudió sus tentáculos y se abalanzó sobre Cintia. Le arrancó la cabeza en un instante. Su sangre me bañó por completo, y a punto estuve de vomitar y desmayarme. Todo al mismo tiempo. No sabía qué hacer. Pensé en huir, pero ese pensamiento me hizo sentir un cobarde. Si no hubiera sido por esa maldita brecha… Soy el causante de su muerte.
     —¿En ese momento fue en el que la brecha, la fisura temporal, volvió a manifestarse? Digo, ¿así fue como pudo escapar?
     —Cintia seguía de pie, aun sin su cabeza. Su cuerpo comenzó a corretear como una gallina degollada hasta llegar junto a mí y se desplomó en mis brazos. Yo gritaba como una puta, y solo atiné a sostenerla. La criatura se deslizó por el pasto sacudiendo sus látigos viscosos, con las fauces abiertas de una manera descomunal y su único ojo protuberante fijo en nuestros cuerpos expuestos, dispuesta a acabar lo que había comenzado. Y en ese entonces advertí que se desarrollaba encima de mí lo que resultó ser la vía de escape.

     —Cintia.
     —¿Qué?
     —No te das una idea de las ganas de cojer que tengo.
     —Confórmate con una paja.
     —Ja, ja, ja —rieron los dos al mismo tiempo.
     —Cintia.
     —¿Qué?
     —¿Te conté el cuento de la hormiguita que quería escuchar los discos de Gardel?
     — Ja, ja, ja. —Volvieron a reír.
     —Qué chiste más pelotudo, ja, ja, ja —dijo ella, y se recostó en el césped del parque.
     —¡No, boluda! ¡Cómo me está pegando esto! —dijo él exhalando el humo del paco.
     Cintia se sentó y dirigió su mirada hacia donde apuntaba la de su compañero y se quedó con la boca abierta.
     —¿Qué mierda es eso?
     —¿Tú también lo ves?
     —¡Oh, por Dios¡ —exclamó Cintia.
     Lo que presenciaban era un círculo generado en el aire semejante a un remolino, el cual había expulsado a dos criaturas inconcebibles sobre el parque. Las contemplaron deambular desorientadas hasta que se perdieron de vista detrás de unos arbustos, ocultándose de un perro que pasaba por allí.
     —¿Qué haces? —dijo Cintia sujetando al muchacho por la chaqueta.
     —Sígueme.
     —No, por favor. Quédate aquí. ¿Qué piensas hacer con ese fierro?, ¡suéltalo ya mismo!
     Él la ignoró y se encaminó hacia los extraños aparecidos.
     Con sumo sigilo llegaron a espaldas de los dos seres que estaban revolcados en el pasto y, sin pensarlo un segundo, el muchacho atacó a fierrazos a uno de ellos. La carne bajo la barra se aplastaba como la manteca y derramaba un fluido verdoso. «Sangre alienígena», pensó.
     La otra criatura se irguió, de pronto, soltando un chillido ensordecedor y se arrojó sobre Cintia…

     —Al reparar en la brecha, juraría que distinguí una expresión de sorpresa y felicidad en el rostro de la criatura, y esta se impulsó con sus seis patas hacia el centro del torbellino. Luego se esfumó.
     —Mhm… Corti, solo usted y yo estamos al tanto de los acontecimientos, ¿verdad?
     —No lo habría llamado de no ser así, Parés.
     —¿A qué hora llega el personal del establecimiento?
     —Faltan un par de horas. Quédese tranquilo. ¿Qué han hecho con los cuerpos de la chica y del alienígena?
     —Es confidencial.
     —Sí. Confidencial.
     —Quiero irme a mi casa —dijo el joven apartándose el cabello del rostro.
     —Me temo que no será posible, hijo.
     —¿Por q… —El joven no terminó de formular su pregunta: «¿Por qué no?», a causa del disparo que Parés le pegó en el pecho. Acto seguido se volvió hacia Corti, quien retrocedió con asombro y pavor, y le dio un certero tiro en la frente. Guardó el arma y marcó un número en su celular.
     —Tienen dos horas para limpiar el área. Sáquenme ya de aquí.
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     Este relato nació de un ejercicio que se realizó en El Edén De Los Novelistas Brutos., página de Facebook administrada por Raúl Omar GarcíaPepe MartinezCarmen Gutierrez y Juan Esteban Bassagaisteguy destinada a la divulgación de relatos de aquellos que desean contar historias con el fin de entretener, aprender y pasar un grato momento de lectura y donde todos los sábados se publica un cuento (la mayoría de ellos referentes al género del terror) de los llamados «Fieles Lectores» —ahora devenidos en «Brutos Escritores»— que forman parte de esta humilde plataforma  literaria.
     En esta oportunidad había que escribir un relato de Ciencia Ficción con un 60% de diálogos, y el resultado fue «La Brecha».
     Por la manera en que está escrito el relato, lamentablemente muchas personas no lo comprendieron, pero aun así yo considero que el cuento es claro. La versión que leyeron en el blog está revisada y corregida respecto de la original gracias a los comentarios y sugerencias de la gente del Taller.

13 comentarios:

  1. No dejará de asombrarme nunca la maestría con la que sorteas las estrechas limitaciones impuestas por la temática obligatoria del ejercicio (aquí, la ciencia-ficción), para conducir el relato con pulso firme hacia ese terreno que dominas con tanta autoridad: el terror. Un relato con la impronta inconfundible de tu estilo.
    ¡Enhorabuena por él!

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  2. Gracias, querido. Lo bueno es que no es adrede, me sale natural y eso lo valoro. Me gusta el terror, no hay caso.

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  3. Fue un de mis favoritos, esta muy bien desarrollado, Me recordó al fantástico estilo terror Sci-fi de los cincuenta. Lograste sorprenderme porque al principio creí que la cosa se poseído del cuerpo de joven.

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  4. Gracias, Leo. Sí, imaginé al monstruo pensando en ese cine, y la idea era confundir. Que al leer la parte de los alienígenas creyeran que eran los jóvenes. Cosa que sucedió y provocó que muchos no lo entendieran pero, para mí, luego queda bien claro cómo son las cosas.

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  5. Mi relato preferido, en algún estrecho lugar de mi corazón sabía que era de tu autoría... Por mi parte, entendí bien la trama... Siempre llevás de un modo increíble tus relatos: una invitación a la buena literatura...

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  6. Aquí reportándose una de las que no había entendido el relato! :P
    Aún así, sabés que te dije que era el que MÁS me gustaba. No entendía por qué, pero te dije que me parecía perfectamente escrito, y aunque no lo entendía ME ENCANTABA!!!
    Cuando me enteré que era tuyo, fue cuando todo me cuadró!
    Para mí, en este sentido, estás a la altura de King! Podés escribir hasta la lista de las compras y a mí me va a interesar leerla!!!

    Felicitaciones, groso!!!
    (Vuelvo a repetirte que el problema no fue tu manera de escribir, sino la capacidad limitada de los lectores, como la mía en este caso :P)

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  7. ¡¡ Un relato de puta madre !! (perdonando la expresión)... Lleva tu sello habitual, y por tal motivo no deja de tener una belleza terrorífica fuera de lo normal... ¡¡ Gracias por tu creación !! ... Disfruté mucho con su lectura...

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  8. Gracias, Cristian. Ya nos reconocemos el estilo, eso es bueno. Lo mio no sé si es buena literatura, es más, no pretende serla, con que les guste a ustedes, los que quiero, me basta.
    Marina, que me tengas a la altura de king es mucho, pero te agradezco el comentario. Y vos tenés CERO capacidad limitada. Lo sabés muy bien.
    Juan, expresate como quieras en mi blog. Las palabrotas a lo Cristian Castle Rock no molestan. ¿De verdad belleza terrorífica?, me gusta eso ;)

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  9. Un enorme relato con mucho contenido. Me pareció genial y un placer leerlo. ¡Abrazo gigante Raúl!

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  10. Hola chico!!!

    Pasaba por aquí para leer tu relato. Cuídate!

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  11. Gracias, Sebas. Otro abrazo para vos.
    Zhely, siempre sos bienvenida.

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  12. Que bueno.Yo pense que el chico era el verdadero asesino de su novia y los alienigenas solo una alucinacion, debido al estado en que se encontraba.Me engañaste.

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  13. Engañar era la idea. Si lo logré con vos, misión cumplida.
    Gracias por tu comentario, Paola.

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